Yakarta (ANTARA) – El mundo de la filantropía en Indonesia se enfrenta a una seria prueba de credibilidad.
En medio de una digitalización acelerada y una mayor conciencia pública, las buenas intenciones de los administradores de fundaciones o instituciones humanitarias ya no son suficientes como capital principal.
La apertura de la información ha pasado de ser sólo una opción ética a convertirse en un mandato legal, así como en una necesidad estratégica para mantener la sostenibilidad de las instituciones filantrópicas.
Este mandato tiene sus raíces en la Ley Número 14 de 2008 sobre Apertura de la Información Pública (UU KIP), que enfatiza que la información es un derecho humano así como una necesidad básica para el desarrollo de la vida social.
Para las instituciones filantrópicas, la transparencia no se trata sólo de publicar folletos de campaña o narrativas solidarias interesantes, sino más bien de construir una mentalidad organizacional que esté lista para ser monitoreada abiertamente por el público.
No adoptar esta mentalidad a menudo crea una oportunidad para prácticas de mal uso de fondos que, en última instancia, destruyen el ecosistema de filantropía nacional.
La filantropía como organismo público
Una idea errónea que todavía es común entre las organizaciones sin fines de lucro es la opinión de que la Ley KIP sólo se aplica a las agencias gubernamentales. De hecho, el artículo 1, punto 3 de la Ley KIP clasifica explícitamente a las organizaciones no gubernamentales como organismos públicos siempre que parte o la totalidad de sus fondos provengan de donaciones públicas, ayuda exterior o del presupuesto estatal (APBN/APBD).
Con esta definición, casi todas las instituciones filantrópicas de Indonesia tienen obligaciones legales equivalentes a las de las instituciones estatales en la prestación de servicios de información pública.
Esta obligación incluye proporcionar información de manera rápida, oportuna, a bajo costo y de manera sencilla, incluyendo el requisito de designar un Oficial de Gestión de Información y Documentación (PPID).
El cumplimiento de la Ley KIP no es sólo una cuestión de evitar sanciones penales, sino también una forma de protección legal para que las instituciones minimicen el potencial de disputas de información en el futuro.
Ética institucional
Existe una diferencia fundamental entre las instituciones que son abiertas porque están obligadas a hacerlo por regulaciones y las instituciones que son abiertas debido a una conciencia ética.
El mayor nivel de conciencia se alcanza cuando los directivos se ven a sí mismos como servidores públicos moralmente obligados a ser transparentes.
Esta mentalidad es muy crucial en el sector filantrópico, donde el principal capital es la confianza. Sin transparencia, la confianza de los donantes se verá erosionada; y sin confianza, la recaudación de fondos no puede ser sostenible.
La transparencia es también la base para implementar una buena gobernanza organizacional.
La presentación de informes financieros que cumplan con las normas (como la PSAK 109 para las instituciones de gestión del zakat) no es sólo una obligación técnica, sino más bien una manifestación de responsabilidad social y ética religiosa.
La divulgación completa refleja la seriedad de la administración en la gestión de los fondos públicos de manera profesional y responsable.
Crisis de la ley
La urgencia de la apertura quedó clara después de que surgiera el escándalo de la Fundación Aksi Cepat Tunjung (ACT) en 2022. El caso de malversación de fondos de ayuda para intereses personales de la alta dirección es un amargo recordatorio de los peligros de la información secreta.
Los hallazgos del Centro de Análisis e Informes de Transacciones Financieras (PPATK), que indican un patrón similar en cientos de otras fundaciones filantrópicas, muestran que este problema de rendición de cuentas es sistémico.
La cercanía en la presentación de informes sobre los programas (desde los objetivos, los requisitos de financiación hasta la distribución real) conduce al colapso de la confianza pública generalizada.
Restaurar la confianza sólo es posible si las instituciones filantrópicas se atreven a revelar al público informes de auditoría independientes de forma regular, no como una formalidad administrativa, sino como un instrumento eficaz de supervisión social.
era digital
De hecho, la era digital abre grandes oportunidades para fortalecer la rendición de cuentas.
Las plataformas de recaudación de fondos en línea han comenzado a establecer nuevos estándares a través de actualizaciones de información en tiempo real, documentación de la distribución de ayuda y mecanismos de verificación de múltiples niveles para identidades y documentos de respaldo.
La digitalización requiere que las instituciones filantrópicas gestionen los sitios web oficiales como portales confiables de información pública, no simplemente como escaparates de campañas.
Una estrategia de comunicación basada en datos fácticos, respaldada por la optimización de motores de búsqueda, permite al público acceder fácilmente a los informes de rendición de cuentas. Así, la tecnología no sólo facilita las donaciones, sino que también fortalece el control social sobre el uso de los fondos públicos.
Datos personales
El próximo desafío es equilibrar la divulgación de información con la obligación de proteger los datos personales regulada en la Ley Número 27 de 2022 de Protección de Datos Personales (UU PDP). La transparencia no debería significar revelar datos sensibles de donantes y beneficiarios.
El principio que se debe respetar es el tratamiento de los datos de forma lícita, limitada y proporcional. Las instituciones necesitan tener una clasificación clara de la información: cuáles deben publicarse periódicamente y cuáles quedan excluidas para proteger el derecho a la privacidad.
El nombramiento de un responsable de la protección de datos y la inversión en sistemas de ciberseguridad son necesarios para que la apertura no conduzca a nuevas violaciones legales.
Credibilidad de inversión
En el futuro, se espera que las demandas de gobernanza de la información pública en el sector de las organizaciones comunitarias sean cada vez más estrictas. El discurso sobre el fortalecimiento de la Ley KIP, incluida una mayor supervisión de las organizaciones comunitarias, tiene como objetivo restaurar y fortalecer la confianza pública.
Las instituciones filantrópicas que puedan obtener el título de «Informativas» de la Comisión de Información tendrán una importante ventaja de reputación a los ojos de los donantes y socios estratégicos.
Al final, la divulgación de información no es una carga administrativa, sino una inversión estratégica.
Al ser transparentes, las instituciones filantrópicas no sólo cumplen con la ley, sino que también construyen una base moral para la sostenibilidad a largo plazo.
La credibilidad nacida de la transparencia es la clave para garantizar que la filantropía siga siendo un puente hacia el bien en el que confía el público indonesio.
*) A Toha Almansur e Ichksanto Wahyudi son administradores de Lazisku, autores del libro «La revolución del Zakat, del culto al poder de la civilización global».

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