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El discurso sobre la autonomía estratégica europea ha vuelto a estar en primer plano. ¿Podría el Continente Azul tener un “arma secreta”?
PinterPolitik.com
El discurso sobre la autonomía estratégica europea se ha vuelto a fortalecer en los últimos años. La guerra en Ucrania, la incertidumbre sobre la dirección de la política de Estados Unidos después de las elecciones y las crecientes rivalidades globales han llevado a algunas élites europeas a cuestionar su dependencia de larga data de Washington.
En medio de esta situación, reaparece una pregunta clásica con un nuevo formato: ¿hasta qué punto es capaz Europa de valerse por sí misma, militar, política y financieramente?
Además de las cuestiones de defensa y energía, la dimensión financiera empieza a destacarse. Una cosa que surge a menudo en las discusiones es la gran propiedad de los países europeos en bonos del Tesoro estadounidense. Con un valor de más de 2,8 billones de dólares, estas tenencias sugieren claramente que Europa tiene una carta importante en las relaciones transatlánticas. En un escenario extremo, a menudo se considera una venta masiva de bonos estadounidenses como una herramienta de presión que podría desestabilizar la economía estadounidense.
Sin embargo, la cuestión fundamental no es simplemente si este escenario es posible, sino más bien si es verdaderamente racional y beneficioso para la propia Europa. ¿Pueden los bonos del Tesoro funcionar como un “arma secreta” o reflejan la ilusión de apalancamiento en un sistema financiero global altamente asimétrico?
Opciones cada vez más destacadas
En teoría, la venta masiva de bonos del Tesoro estadounidense por parte de países europeos tiene el potencial de ejercer presión sobre la economía estadounidense. Un aumento de la oferta de bonos en el mercado podría hacer subir los rendimientos, aumentar el costo de financiar la deuda pública estadounidense y desencadenar volatilidad en los mercados financieros mundiales. En un contexto geopolítico, este escenario a menudo se percibe como una forma de coerción financiera que pueden utilizar los grandes acreedores.
El hecho de que la propiedad europea supere a China y Japón fortalece aún más esta narrativa. Sobre el papel, Europa parece tener una importante posición negociadora. Sin embargo, la realidad del sistema financiero global no es tan simple como la relación entre acreedores y deudores en la lógica convencional. La propiedad de grandes cantidades de activos no implica automáticamente control sobre los sistemas en los que operan esos activos.
Aquí es donde cobra relevancia la teoría de la interdependencia armada desarrollada por Abraham Newman y Henry Farrell. Esta teoría enfatiza que el poder en el sistema global no reside en quién está más conectado o tiene más activos, sino en quién controla los nodos críticos (puntos de estrangulamiento) de la red. En el contexto de las finanzas globales, este nodo incluye el dólar estadounidense, el mercado del Tesoro estadounidense y el papel de la Reserva Federal como prestamista de última instancia.
El mercado de bonos del Tesoro es el mercado de bonos más líquido del mundo. En una situación de crisis, este activo se convierte en realidad en un destino para la fuga global de capitales. El dólar estadounidense sigue funcionando como un refugio seguro, independientemente de la dinámica política interna de Estados Unidos. A medida que aumenta la tensión, la Reserva Federal también tiene la capacidad de absorber shocks a través de la política monetaria, incluidas compras de bonos a gran escala.
En esta estructura, la posición de Europa tiende a ser la de usuario del sistema, no la de operador.
La agresiva venta de bonos del Tesoro por parte de Europa corre el riesgo de crear presión a corto plazo para Estados Unidos, pero al mismo tiempo podría desencadenar inestabilidad en el propio sistema financiero europeo. Una disminución en los precios de los bonos significa una disminución en el valor de las reservas de divisas, presión sobre el sector bancario y una posible volatilidad en el tipo de cambio del euro.
La experiencia de China proporciona un ejemplo empírico relevante. Desde 2018, Beijing ha reducido gradualmente sus tenencias de bonos del Tesoro estadounidense en más de un 30 por ciento. Esta medida a menudo se interpreta como parte de una estrategia de desdolarización y de reducción de la dependencia de Estados Unidos. Sin embargo, los resultados no cumplieron con las expectativas de muchos observadores. La economía estadounidense no se ha derrumbado, el dólar sigue dominando y el mercado del Tesoro sigue siendo un ancla de la estabilidad global.
En cambio, el margen de maniobra financiero de China enfrenta nuevos desafíos. Las opciones de activos alternativos líquidos, seguros y globales han demostrado ser limitadas. Esta experiencia demuestra que salir del ecosistema del dólar no es una cuestión fácil, incluso para las grandes potencias económicas. En el contexto europeo, cuyo sistema financiero está altamente integrado con los mercados estadounidenses, los costos de salida son potencialmente aún mayores.
Por lo tanto, las grandes tenencias de bonos del Tesoro en Europa se interpretan más exactamente como una forma de dependencia mutua asimétrica. Estados Unidos depende de los inversores globales para financiar su déficit, pero esos inversores –incluida Europa– también dependen de la estabilidad del sistema del dólar. Esta dependencia crea una paradoja: un activo que parece ser una herramienta de presión en realidad se convierte en un factor que limita el margen de maniobra de su propietario.
Un sistema demasiado sólido
En última instancia, los bonos del Tesoro estadounidense no representan simplemente la deuda del gobierno de los Estados Unidos. También sirve como base del sistema financiero global. En muchas crisis, la existencia del Tesoro se convierte en realidad en un apoyo a la estabilidad, no en una fuente de vulnerabilidad. Para Europa, mantener estos bonos es más un cinturón de seguridad que un arma ofensiva.
La ironía de la geopolítica moderna reside en el hecho de que los acreedores no siempre son soberanos. En un sistema altamente integrado, el poder no está determinado por quién posee la mayor cantidad de activos, sino por quién controla las reglas del juego y la infraestructura del sistema. Estados Unidos, a través de su dólar y sus instituciones financieras, todavía se encuentra en esa posición.
El discurso sobre el “arma secreta” financiera de Europa refleja inquietudes legítimas sobre la interdependencia estratégica. Sin embargo, convertir los Bonos del Tesoro en una herramienta de presión no es una solución sencilla, y mucho menos exenta de riesgos. La experiencia de China muestra que los esfuerzos por romper con la hegemonía del dólar pueden en realidad reducir las opciones, no ampliarlas.
En el orden global actual, la autonomía estratégica no se trata sólo de la propiedad de activos, sino también de la capacidad de crear alternativas creíbles. Mientras no haya un sustituto para el dólar y un mercado de bonos del Tesoro equivalente en términos de liquidez, estabilidad y confianza, la idea de hacer de los bonos estadounidenses un arma geopolítica seguirá en el ámbito de la especulación.
La pregunta cambia: no si Europa tiene armas, sino si el sistema global proporciona espacio para que esas armas sean realmente utilizadas. (D74)



