El futuro de la economía y la geopolítica globales se encuentra en un punto crucial

Yakarta (ANTARA) – El comienzo de 2026 no llega como un cambio normal de calendario, sino como una señal de que el mapa de poder mundial está pasando a una fase más dura y abierta.

Lo que se ha leído como una competencia por la influencia, ahora aparece en forma de pasos que tocan directamente el corazón político y económico de otros países.

Del Caribe al Ártico, de las rutas de los petroleros a los yacimientos minerales, el escenario geopolítico se está desplazando hacia espacios que alguna vez fueron considerados periféricos, pero que determinan el futuro de la tecnología, la energía y la seguridad global.

Las medidas de Estados Unidos en Venezuela son el ejemplo más sorprendente. Operación Resolución absoluta que Donald Trump lanzó el 3 de enero de 2026, con el apoyo de un masivo poder aéreo, según informaron varios medios internacionales, resultó en la detención del presidente Nicolás Maduro en Caracas.

Este acontecimiento no sólo desencadenó una reacción política internacional, sino que también reabrió viejos debates sobre los límites entre defender los intereses nacionales y respetar la soberanía estatal.

En muchas capitales, la cuestión que se debate no es simplemente quién gana y quién pierde, sino más bien qué precedente se está sentando para el futuro de las relaciones entre países.

El observador geopolítico y analista asociado de Relaciones Públicas de la Oficina de Información de Defensa del Ministerio de Defensa de Indonesia, coronel Dedy Yulianto, interpretó este evento como una confirmación de que la energía ha vuelto a ocupar el asiento principal de la política global.

En su opinión, en Venezuela no se trata sólo de un régimen o de una orientación ideológica, sino más bien de las mayores reservas de petróleo del mundo, cuya posición determina la dirección de la oferta y los precios en el mercado internacional.

Considera que las medidas de Washington también apuntan a frenar la influencia de China y Rusia en América Latina, que en los últimos años ha entrado a través de inversiones en energía e infraestructuras.

Detrás de esos cálculos estratégicos, hay otra capa que rara vez se destaca fuera de los informes técnicos.

Un vacío de poder dentro de Venezuela tiene el potencial de desencadenar nuevos flujos migratorios, estrés social en los países vecinos e incertidumbre económica en una región que durante mucho tiempo ha lidiado con problemas de estabilidad.

A los pocos días, el mercado reaccionó. Los precios del petróleo oscilaron bruscamente, mientras las compañías navieras y los exportadores comenzaron a reelaborar sus cálculos. Las primas de seguros aumentaron, los tiempos de viaje se alargaron y el riesgo de retrasos entró como nueva variable en los contratos.

Las tensiones no terminan en tierra. El 7 de enero de 2026, la incautación de un petrolero con bandera rusa cerca de Islandia puso al Atlántico Norte en el foco de atención mundial.

Las rutas marítimas, que normalmente se interpretan como infraestructura económica, ahora se tratan como espacio de maniobra. Las rutas de los barcos, los puertos de escala e incluso los horarios de carga y descarga están empezando a calcularse no sólo desde una perspectiva de costos, sino también desde una perspectiva de seguridad y presión política.

Para Europa, esta situación no es sólo una cuestión de seguridad, sino también una cuestión de suministro energético y continuidad industrial. Para las compañías navieras, esto significa un aumento vertiginoso de las primas de seguros y una predicción cada vez más difícil de los calendarios de distribución.

Lucha por Groenlandia

El coronel Dedy describió la zona como un espacio abierto de vigilancia, donde la economía y el ejército funcionan uno al lado del otro.

Por un lado, los países están tratando de mantener el flujo fluido de bienes y energía. Por otro lado, los canales económicos, desde los puertos hasta los contratos de suministro, están empezando a utilizarse como instrumentos de presión política.

Para un sistema de comercio internacional que aún intenta recuperarse del impacto de la pandemia y de conflictos anteriores, esta situación añade una nueva capa de incertidumbre.

La atención del mundo saltó entonces hacia el norte, hacia Groenlandia. La isla gigante en el área ártica no es sólo una cuestión del mapa de defensa antimisiles, sino también una cuestión del futuro de la industria tecnológica.

Debajo de la capa de hielo se encuentran minerales de tierras raras que ahora están siendo buscados por la industria de vehículos eléctricos, los fabricantes de baterías y los contratistas de defensa. Estas materias primas determinan quién controlará la cadena tecnológica en la próxima década.

A medida que la administración Trump acelera su ritmo de fortalecimiento de la influencia en la región, muchos analistas ven señales de que la competencia global ya no se basa únicamente en el petróleo y el gas, sino también en las materias primas para tecnologías futuras.

La dinámica política interna de Groenlandia, incluidas las conversaciones sobre la independencia de Dinamarca, añade complejidad. Detrás del debate sobre el derecho a la autodeterminación se esconden intereses de grandes países que ven el Ártico como frontera Nueva economía y seguridad.

Surgen dudas sobre la coherencia de los compromisos de la alianza, incluso dentro de la OTAN, a medida que las maniobras se vuelven más intensas en una región que hasta ahora ha estado relativamente tranquila ante la opinión pública.

El impacto de esta serie de acontecimientos comienza a sentirse en las relaciones entre países y en la dinámica de las alianzas globales.

Estados Unidos muestra una tendencia a reforzar su enfoque unilateral, mientras Rusia y China estrechan sus ejes de cooperación en los campos de la energía, la tecnología y la defensa.

En Europa, el debate sobre la autonomía estratégica vuelve a cobrar fuerza. La dependencia de una fuente de energía o de un paraguas de seguridad ahora se interpreta como vulnerabilidad, no como comodidad.

Impacto en Indonesia

Para los países fuera del círculo de las grandes potencias, las implicaciones se sienten incluso a miles de kilómetros de distancia.

Para Indonesia, el impacto es directo y mensurable. Cuando el precio de referencia del petróleo Brent subió más del 1 por ciento a alrededor de 64,82 dólares por barril, mientras que el WTI se fortaleció por encima de los 60 dólares por barril, la presión sobre los costos de los subsidios a la energía se fortaleció nuevamente y el espacio fiscal en el APBN se hizo más estrecho.

Por otro lado, la volatilidad global también afecta el tipo de cambio de la rupia. En una situación de incertidumbre geopolítica, los flujos de capital tienden a dirigirse a activos seguros, y la rupia vuelve a superar el nivel de 16.700 IDR por dólar estadounidense.

En los espacios diplomáticos de Yakarta, estas cuestiones están empezando a leerse como parte de la planificación económica a mediano plazo.

La estabilidad del suministro de energía, la diversificación de los socios comerciales y el fortalecimiento de la cooperación regional son agendas que ya no son sólo normativas. La ASEAN, por ejemplo, enfrenta el desafío de mantener la región abierta y estable en medio del tira y afloja de los intereses globales.

Al mismo tiempo, existen oportunidades para desempeñar un papel más activo. A medida que aumentan las tensiones entre las grandes potencias, las potencias medias tienen espacio para ofrecer puentes, no muros.

La cooperación regional, los foros multilaterales y la diplomacia económica son herramientas para garantizar que la competencia no sumerja por completo los intereses comunes.

Los cambios que se producirán a principios de 2026 muestran que la diplomacia ya no se limita a la mesa de negociaciones, sino que tiene lugar en las rutas marítimas, en los yacimientos petrolíferos, en la región ártica y en los mercados de productos básicos.

Es allí donde la economía y la geopolítica se entrelazan, formando un nuevo paisaje que exige resiliencia, agilidad y claridad de dirección.

Para Indonesia, esta prueba pronto será visible en decisiones concretas, incluida su postura en el próximo foro de la ASEAN y la dirección de la política energética en los próximos meses.

Luego también la fuerza con la que el presupuesto estatal es capaz de absorber las fluctuaciones de los precios globales, sin provocar ajustes en la política energética o presiones adicionales sobre la inflación interna.



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