Yakarta (ANTARA) – La transformación digital en el sector financiero ha cambiado la forma en que los indonesios administran el dinero, pagan las necesidades diarias y acceden a servicios que antes solo estaban disponibles en mostradores físicos.
Desde el teléfono en mano, una persona ahora puede transferir fondos, pagar facturas, comprar boletos o enviar ayuda a su familia en cuestión de segundos.
Esta conveniencia abre un gran espacio para la inclusión financiera, pero también presenta nuevos desafíos en forma de delitos digitales cada vez más sofisticados y adaptables.
En los últimos tiempos, en una serie de debates sobre alfabetización digital en varias regiones, han surgido repetidamente quejas sobre invitaciones de boda digitales en formato APK que conducen a la piratería de billeteras electrónicas.
El patrón es casi uniforme. Los mensajes provienen de números desconocidos, parecen corteses y a veces van acompañados de nombres que resultan familiares. Una vez descargado y abierto el archivo, el teléfono de la víctima se ralentiza, aparecen notificaciones de transacciones sin ser solicitadas y el saldo desaparece en cuestión de minutos.
Experiencias como estas ilustran cómo los términos estafa, fraude y phishing ya no son jerga técnica, sino parte de la conversación cotidiana.
El modo de fraude ya no se limita a mensajes cortos sospechosos o llamadas de números desconocidos.
El perpetrador construye un escenario que parece convincente, en nombre de una institución oficial, aprovechando un momento emotivo o disfrazándolo de una promoción que parece rentable.
El objetivo es el mismo: incentivar a los usuarios a entregar voluntariamente datos personales, PIN o códigos de autenticación únicos que son la clave para acceder a cuentas y billeteras digitales.
Archivos maliciosos
En Indonesia, un patrón que a menudo se informa a los funcionarios e instituciones de seguridad cibernética es el envío de archivos maliciosos empaquetados como si fueran documentos importantes.
Invitaciones de boda en formato digital, multas de tráfico e incluso notificaciones fiscales a nombre de agencias gubernamentales son los puntos de entrada para infiltrarse en aplicaciones maliciosas.
Una vez que se descarga y abre el archivo, se puede tomar el control del dispositivo de la víctima en secreto, lo que permite al perpetrador monitorear la actividad, robar datos o acceder a cuentas financieras sin el conocimiento del propietario.
Otro método no menos peligroso son los enlaces falsos diseñados para parecerse a sitios bancarios oficiales, instituciones financieras o servicios digitales populares.
Se indica a las víctimas que completen datos personales, número de tarjeta, PIN o código OTP con el pretexto de verificar la cuenta, reclamar premios o activar servicios.
En muchos casos, la apariencia de la página es casi indistinguible del sitio original, lo que facilita que los usuarios desprevenidos caigan en la trampa.
Desde la perspectiva de los actores de la industria, el desafío más difícil hoy en día ya no es solo construir un sistema seguro, sino desarrollar hábitos seguros a nivel de usuario.
Se puede seguir mejorando la tecnología, se pueden agregar capas de seguridad, pero una vez que un usuario comparte un código PIN o OTP, todo el sistema colapsa instantáneamente.
El problema no es sólo la sofisticación de la tecnología utilizada por los perpetradores, sino también la brecha de alfabetización digital en la sociedad.
Muchos usuarios todavía consideran que los mensajes digitales son neutrales y seguros, sin darse cuenta de que cada clic, descarga y cumplimentación de formularios en línea conlleva riesgos.
En última instancia, la transformación financiera digital no se trata solo de ampliar el acceso, sino también de garantizar que todos los que ingresan al sistema tengan las herramientas para protegerse.
Medidas preventivas
Las medidas preventivas no son complicadas, pero requieren disciplina. Evitar archivos, enlaces o sitios web sospechosos, especialmente aquellos provenientes de anuncios o mensajes desconocidos, es la primera línea de defensa.
Utilizar una combinación de PIN que no es fácil de adivinar y cambiarla periódicamente es un hábito sencillo que muchas veces se pasa por alto, pero que es muy importante.
Lo más importante es que nunca proporcione el código OTP a nadie, incluidas partes que afirman ser empresas o instituciones oficiales. En las prácticas de seguridad digital, ninguna institución tiene derecho a solicitar dichos códigos a los usuarios.
Esta conciencia debe inculcarse no sólo en los individuos, sino también en las familias y comunidades. Los niños, los ancianos y aquellos que son nuevos en la tecnología digital suelen ser blancos fáciles porque no están acostumbrados a reconocer los signos de fraude.
Las conversaciones en la mesa, las charlas en grupos familiares o las discusiones ligeras en el lugar de trabajo sobre experiencias cercanas al engaño suelen ser más efectivas que los carteles o los llamamientos formales.
Por otro lado, los proveedores de servicios financieros digitales tienen una gran responsabilidad en la construcción de un ecosistema más seguro.
Capas adicionales de seguridad, un mecanismo de denuncia de fácil acceso y transparencia en el manejo de los casos son una parte importante de la confianza pública.
La jefa de Asuntos Corporativos de una reconocida empresa, Audrey Progastama Petriny, dijo que en respuesta al gran número de casos, el partido implementó un programa de garantía de devolución de saldo para los usuarios de su aplicación.
Este programa permite a los usuarios presentar un reclamo por pérdida de saldo en caso de una apropiación forzada de la cuenta (fuerza bruta) o uso no autorizado de la cuenta debido a la pérdida del dispositivo móvil.
Aparte de eso, el partido también continúa educando a los usuarios para que permanezcan alerta ante diversos fraudes y riesgos de seguridad digital. Una de ellas es no compartir el código PIN u OTP con nadie antes del incidente.
En el futuro, desafíos similares serán cada vez más complejos junto con el desarrollo de la inteligencia y la tecnología artificiales. profundoy automatización de mensajes que permite a los perpetradores crear comunicaciones falsas cada vez más convincentes.
Se pueden falsificar voces, rostros e identidades digitales con un nivel de precisión que resulta difícil de discernir para el ojo inexperto. En situaciones como esta, el escepticismo saludable se convierte en una nueva habilidad tan importante como la capacidad de utilizar la aplicación en sí.
Es importante darse cuenta de que la seguridad digital no es sólo una cuestión de sistemas y algoritmos, sino también una cuestión de decisiones cotidianas.
Cada vez que alguien decide no hacer clic en enlaces cuestionables, no descargar archivos sospechosos y no compartir códigos secretos con nadie, está asumiendo un papel activo para mantener seguro el espacio digital.
Ahí es donde la transformación digital encuentra su significado más fundamental: no solo facilitar las transacciones, sino crear una sociedad consciente, alerta y empoderada para enfrentar los riesgos en un mundo cada vez más conectado.

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