Actitud de estadista del jefe de la Policía Nacional: mantener los cimientos de la democracia indonesia

Depok (ANTARA) – En la dinámica en constante desarrollo de la política indonesia, ha vuelto a surgir el debate sobre la posición institucional de la Policía Nacional de Indonesia (Polri).

El analista de cuestiones políticas y de inteligencia Boni Hargens ofrece una perspectiva aguda sobre el rechazo del jefe de la Policía Nacional, Listyo Sigit, a la propuesta de colocar a la Policía Nacional bajo el ministerio.

La postura firme del Jefe de la Policía Nacional no se considera sólo una resistencia institucional, sino que refleja la habilidad política necesaria para mantener la arquitectura democrática de Indonesia.

El rechazo del Jefe de la Policía Nacional a la idea de subordinar la Policía Nacional a una estructura ministerial demuestra un profundo conocimiento de los principios fundamentales de la democracia. En el contexto de un estado de derecho democrático, la independencia de las instituciones encargadas de hacer cumplir la ley es un requisito previo importante para evitar una concentración excesiva de poder en una sola rama del gobierno. Esta actitud refleja la conciencia de la importancia de los controles y equilibrios en el sistema constitucional moderno.

Este debate no es simplemente una cuestión administrativa técnica, sino que más bien concierne a la filosofía básica de la administración estatal. La forma en que un país coloque sus instituciones encargadas de hacer cumplir la ley determinará en gran medida el carácter de la democracia que construya.

La independencia de la Policía Nacional de la intervención política práctica es una garantía de que la ley puede aplicarse de manera justa sin discriminación basada en afiliación política o intereses de poder momentáneos.

Triásicos políticos y posición constitucional de la Policía Nacional

Boni Hargens recordó el concepto de trias politica como marco básico para la construcción de la democracia en Indonesia. En este sistema, hay tres pilares de poder que ejecutan por igual el mandato que les ha confiado el pueblo: el poder legislativo como legislador, el poder judicial como ejecutor de la justicia y el ejecutivo como ejecutor del gobierno.

Estos tres pilares están claramente regulados en la Constitución y están diseñados para monitorearse y equilibrarse entre sí.

La Policía Nacional, como institución encargada de hacer cumplir la ley, tiene características únicas que no pueden equipararse con las instituciones ejecutivas ordinarias. La función de aplicación de la ley requiere independencia de la presión política para poder desempeñar sus funciones objetivamente.

Colocar a la Policía Nacional como parte integral del ejecutivo creará un conflicto de intereses fundamental, donde la institución que se supone debe supervisar la implementación de la ley en realidad se convierte en parte del objeto de supervisión en sí.

La Constitución de 1945 y la Ley Nº 2 de 2002 estipulan claramente que la Policía Nacional depende del Presidente en su calidad de jefe de Estado, no de jefe ejecutivo. Esta diferencia tiene muchos principios y no es sólo un juego de semántica. El presidente como jefe de Estado representa la soberanía del pueblo en su conjunto, mientras que el presidente como jefe del ejecutivo desempeña funciones políticas de gobierno.

La Policía Nacional debe ser responsable ante el Estado y el pueblo, no ante los intereses políticos del gobierno de turno.

Riesgo de politización y abuso de poder

Colocar a la Policía Nacional bajo el ministerio abre la puerta de par en par a la politización de las instituciones encargadas de hacer cumplir la ley. En un sistema donde la Policía Nacional es parte de una estructura ejecutiva político-burocrática, el potencial de uso indebido de la ley para intereses políticos aumentará significativamente.

La historia ha proporcionado muchas lecciones valiosas sobre los peligros de concentrar el poder de aplicación de la ley en manos del ejecutivo.

Cuando la Policía Nacional sea tratada como un ministerio o institución político-burocrática, el principio del Estado de derecho será reemplazado por el Estado de derecho.

En tales condiciones, la ley ya no es el comandante en jefe que regula a todos los partidos de manera justa, sino que se convierte en un instrumento de poder para legitimar ciertos intereses políticos.

La aplicación selectiva de la ley, la criminalización de los opositores políticos y la protección de ciertos grupos serán prácticas difíciles de evitar.

La experiencia de varios países muestra que los países con democracias frágiles a menudo se caracterizan por un fuerte control ejecutivo sobre los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley.

En este contexto, la ley ya no es un protector de los derechos de los ciudadanos, sino más bien una herramienta para mantener el poder. Indonesia, como tercera democracia más grande del mundo, debe aprender de esta experiencia y no repetir los mismos errores.

La dirección de una verdadera reforma policial

La verdadera reforma de la Polri no consiste en cambiar la posición estructural de la burocracia gubernamental, sino más bien en una transformación fundamental de la cultura organizacional y en aumentar la capacidad de los recursos humanos. La optimización del papel de la Policía Nacional en la aplicación de la ley debe llevarse a cabo en el contexto de una democracia legal como el Rechtsstaat, donde la supremacía de la ley es el principio fundamental.

Transformar la cultura organizacional requiere un cambio de mentalidad de una cultura militarista a una cultura de servicio público profesional. La Policía Nacional debe posicionarse como protectora y protectora de la sociedad, no como instrumentos de poder. Esto requiere cambios en los sistemas de contratación, educación y promoción que valoren la integridad, el profesionalismo y el compromiso con los derechos humanos.

Mejorar los recursos humanos es una inevitabilidad realista en el contexto de los desafíos de seguridad modernos. La policía del siglo XXI debe tener competencia no sólo en los aspectos técnicos de la aplicación de la ley, sino también en la comprensión de los derechos humanos, la tecnología de la información y las comunicaciones públicas.

Boni Hargens hizo una fuerte advertencia: «No conviertan la agenda de reforma de la Policía Nacional en una agenda política para pescar en aguas turbias».

Esta declaración subraya que las discusiones sobre la reforma de la Policía Nacional deben basarse en los intereses de largo plazo de la nación, no en cálculos políticos de corto plazo.

La verdadera reforma requiere compromiso a largo plazo, coherencia y valentía para llevar a cabo cambios estructurales fundamentales sin quedar atrapados en juegos políticos prácticos.

La actitud de estadista del Jefe de la Policía Nacional al mantener la independencia de la Policía Nacional refleja una profunda comprensión de la arquitectura democrática de Indonesia y su compromiso con la supremacía de la ley como base de un estado de derecho democrático.

*)Boni Hargens, analista de cuestiones políticas y de inteligencia.



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