Cuando el aula se convierte en un espacio de fe

Mataram (ANTARA) – El ambiente escolar suele cambiar cuando llega el Ramadán. El tiempo de entrada comienza más tarde en el día, el ritmo de aprendizaje se ralentiza, pero la dinámica en realidad se siente más animada.

En algunas clases, los niños leen las Escrituras antes de que comience la clase. En otro rincón, prepararon paquetes de takjil para distribuirlos entre los residentes locales. Hay una pausa en la ajetreada rutina académica, y ahí es donde el espacio para la formación del carácter encuentra su impulso.

Ramadán 1447 Hijriah es un marcador importante. El gobierno, a través del Ministerio Coordinador de Desarrollo Humano y Cultura, enfatizó que el aprendizaje durante el Ramadán 2026 está dirigido al fortalecimiento de los valores religiosos y la formación del carácter.

Esta política fue confirmada en una reunión a nivel ministerial con el Ministerio de Educación Primaria y Secundaria, que estipuló que el plan de aprendizaje del 18 al 20 de febrero de 2026 se llevaría a cabo fuera de la unidad educativa y luego cara a cara nuevamente del 23 de febrero al 16 de marzo de 2026.

En las regiones, la dirección política se traduce de manera más técnica. La Oficina de Educación de la ciudad de Mataram, Nusa Tenggara Occidental (NTB) emitió una circular pidiendo a todas las unidades educativas, desde el jardín de infantes hasta la escuela secundaria, que centren el aprendizaje en el fortalecimiento de la fe, la piedad y los hábitos sociales positivos.

Para los estudiantes musulmanes, se recomiendan actividades como tadarus, internado islámico exprés y estudios islámicos. Mientras tanto, los estudiantes no musulmanes reciben ayuda a través de guía espiritual, de acuerdo con sus respectivas creencias.

Este paso debe apreciarse como un esfuerzo por equilibrar los aspectos cognitivos y afectivos en la educación. La pregunta es, ¿hasta qué punto se utiliza realmente el Ramadán como un espacio para la habituación a los valores, y no simplemente como un ajuste de horarios?


Ritual de sustancias

Hasta ahora, el fortalecimiento de los valores religiosos en las escuelas a menudo ha quedado atrapado en actividades ceremoniales. Llamar a concursos de oración, musabaqah tilawatil Corán o compartir takjil son agendas rutinarias. Las actividades son buenas, pero a menudo se detienen en eventos anuales que no están integrados en el proceso educativo a largo plazo.

De hecho, los desafíos de la generación más joven son cada vez más complejos. Los datos del Ministerio de Educación muestran que los problemas del acoso escolar, la intolerancia y la adicción a los dispositivos electrónicos siguen siendo una tarea difícil.

El programa «Movimiento de una hora sin gadgets», impulsado por el gobierno durante el Ramadán, no es sólo un símbolo, sino una respuesta a los estilos de vida excesivamente digitales. El Ramadán proporciona un impulso reflexivo para reducir las distracciones y fortalecer el autocontrol.

Aquí es donde reside el lado interesante. El Ramadán es en realidad un laboratorio de carácter. El ayuno entrena la disciplina, la empatía por los menos afortunados y el autocontrol.

Si las escuelas son capaces de vincular las prácticas religiosas con el aprendizaje contextual, entonces los valores religiosos no se limitan a los rituales, sino que se convierten en hábitos sociales.

Por ejemplo, las actividades de intercambio de takjil se pueden conectar con las lecciones de matemáticas a través de la gestión presupuestaria. La distribución del zakat y la compensación pueden vincularse a la alfabetización social y la ciudadanía.

Los internados islámicos exprés pueden diseñarse no sólo para conferencias unidireccionales, sino también para debates críticos sobre la ética de las redes sociales, la honestidad académica y la responsabilidad como ciudadanos iusj6.

Este tipo de enfoque evita que la educación durante el Ramadán parezca temporal. El valor construido no cesa, cuando finaliza el mes sagrado.

Ecosistema familiar

La política de aprendizaje autónomo del 18 al 20 de febrero de 2026 sitúa a la familia como un actor importante. Se pide a los estudiantes que realicen actividades en casa y las informen al profesor. Este plan abre un espacio para la colaboración entre escuelas y padres.

Es justo. La colaboración no siempre es fácil. No todas las familias tienen la misma capacidad asistencial. Aquí es donde las escuelas deben ofrecer una orientación sencilla y realista.

Fortalecer los valores religiosos no tiene por qué ser complicado. Comer sahur juntos, dialogar sobre el significado del ayuno o involucrar a los niños en actividades sociales en el entorno circundante es suficiente para convertirse en un hábito.

El ecosistema social también determina. Un entorno seguro e inclusivo fortalecerá el mensaje moral transmitido por la escuela. Por otro lado, si los niños son testigos de prácticas de intolerancia o violencia, los valores enseñados en clase pueden verse erosionados.

Por tanto, el fortalecimiento de los valores religiosos durante el Ramadán debe enmarcarse en un espíritu nacional. La educación del carácter no debe ser excluyente. Para los estudiantes no musulmanes, todavía se facilitan las actividades espirituales.

Este principio está en línea con el valor de Bhinneka Tunggal Ika y enfatiza que la educación religiosa no es sinónimo de separación, sino que fortalece la identidad dentro del marco del Estado Unitario de la República de Indonesia (NKRI).

El Ramadán también puede ser un impulso para introducir la práctica de la moderación religiosa. Las escuelas pueden invitar a los estudiantes a dialogar sobre la importancia de la tolerancia y la convivencia. Una educación religiosa sólida no es dura, sino que fomenta la empatía y el respeto.


Cultura del carácter

El mayor desafío de la política es la sostenibilidad. El Ramadán es sólo un mes en el calendario educativo. Si los valores invertidos no se mantienen, su impacto se desvanecerá rápidamente.

Por lo tanto, es necesario un diseño de políticas sostenibles. En primer lugar, las escuelas necesitan desarrollar indicadores simples para medir el impacto de las actividades del Ramadán en el comportamiento de los estudiantes. No sólo la asistencia a un internado islámico rápido, sino también cambios de actitud, disciplina y conciencia social.

En segundo lugar, las buenas prácticas durante el Ramadán pueden integrarse en el programa anual. Si se ha demostrado que una hora de movimiento sin dispositivos es efectiva, ¿por qué no implementarla regularmente cada semana? Si las actividades sociales aumentan la empatía, ¿por qué no convertirlas en una agenda mensual?

En tercer lugar, la formación docente es clave. Los docentes no sólo actúan como transmisores de material, sino también como modelos a seguir. El fortalecimiento de los valores religiosos perderá sentido si no va acompañado del ejemplo en la vida cotidiana.

El Ramadán es un espejo. Refleja hasta qué punto nuestra educación está orientada a formar seres humanos completos, no sólo a obtener calificaciones académicas.

Las políticas gubernamentales y las respuestas regionales, como en Mataram, apuntan en la dirección correcta. Sin embargo, es necesario mantener esta dirección para que no se limite a las regulaciones.

El Ramadán debería ser un punto de partida, no una pausa. Brinda la oportunidad de reorganizar la orientación de la educación para que esté más equilibrada entre la inteligencia intelectual y la madurez moral.

Si este impulso se gestiona con seriedad, las escuelas no sólo darán origen a una generación inteligente, sino que también tendrá carácter, se preocupará y amará a su nación.

En medio de desafíos globales cada vez más complejos, fortalecer los valores religiosos durante el Ramadán no es sólo una agenda estacional. Es una inversión a largo plazo para el futuro de Indonesia.



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