Yakarta (ANTARA) – Febrero de 2026 presenta un momento especial y significativo para Indonesia: el mes de Ramadán para los musulmanes (estimado el 18 o 19 de febrero) coincide con el período de Cuaresma para los católicos (que comienza el Miércoles de Ceniza, 18 de febrero).
En medio de una sociedad pluralista que a menudo se ve puesta a prueba por la polarización identitaria, el encuentro de estos dos períodos de práctica espiritual ofrece algo mucho más profundo que la mera tolerancia ceremonial. Abre un espacio para el entendimiento mutuo, profundiza la armonía y (lo que a menudo se pasa por alto) construye un arrepentimiento ecológico colectivo.
El ayuno y la abstinencia a menudo se reducen a rituales individuales. De hecho, en las tradiciones religiosas, ambas son educación interior que tiene un impacto social. El ayuno entrena a las personas a controlarse, posponer los deseos y ser conscientes de las limitaciones. La abstinencia fomenta la sensibilidad hacia lo que se ha considerado normal: comida abundante, agua que fluye continuamente, energía disipada.
Cuando esta disciplina espiritual es compartida por millones de personas de todas las religiones, tiene el potencial de convertirse en un movimiento moral colectivo.
En Indonesia, la armonía se entiende a menudo como «no molestarse unos a otros». Esta definición es importante, pero no suficiente. En realidad, la armonía madura surge de experiencias compartidas, de la voluntad de comprender lo que están pasando otras personas.
Cuando los estudiantes musulmanes ayunan en escuelas que también tienen estudiantes católicos que se abstienen, o cuando las familias católicas respetan la atmósfera del Ramadán en su vecindario, lo que crece no sólo es la cortesía, sino también la empatía. La empatía es la base de la armonía que resiste la prueba del tiempo.
Además, el ayuno y la abstinencia enseñan un mensaje clave que es muy relevante para la crisis actual: vivir con moderación. Al mundo hoy no le falta producción, pero sí le falta autocontrol. Las inundaciones, las sequías, las crisis alimentarias y el cambio climático no pueden separarse de estilos de vida excesivos.
En este contexto, el ayuno y la abstinencia encuentran su relevancia más actual. Abstenerse de un consumo excesivo significa reducir la presión sobre la Tierra.
Aquí es donde el significado de la conversión ecológica se vuelve real. Esto es relevante para la dirección básica de la Arquidiócesis de Yakarta y los programas prioritarios del Ministerio de Religión. La Archidiócesis de Yakarta, según su dirección básica, invita a los católicos a realizar una conversión ecológica.
El Ministerio de Religión en su programa prioritario 2025-2029 prioriza la acción ecoteológica interreligiosa como una forma de construir el mundo como un hogar compartido sostenible y saludable.
El arrepentimiento no se trata sólo del pecado personal, sino también de la forma en que los humanos se relacionan con la naturaleza. La tradición católica, por ejemplo, a través de la reflexión ecológica enfatizada en Laudato Si’, invita a la gente a ver la Tierra como una casa común, no como un objeto de explotación.
Mientras tanto, las enseñanzas islámicas sitúan a los humanos como califas responsables de mantener el equilibrio de la creación. Estas dos tradiciones convergen en un punto ético: la naturaleza debe ser cuidada, no consumida.
El impulso simultáneo del Ramadán y la Cuaresma brinda la oportunidad de traducir estos valores en acciones concretas. En la escuela, por ejemplo, el ayuno puede ser un punto de entrada para la educación del carácter interreligioso: debates sobre el significado del autocontrol, proyectos para reducir el desperdicio de alimentos en el comedor o movimientos para ahorrar agua durante el período de ayuno. Las escuelas no necesitan mezclar enseñanzas religiosas, sólo necesitan abrir un espacio para la reflexión compartida sobre los valores humanos y las preocupaciones ambientales.
En la familia, este período puede ser el laboratorio ético más eficaz. Los padres pueden dar ejemplo cocinando lo suficiente al romper el ayuno, evitando el desperdicio e invitando a los niños a compartir con quienes no tienen suficiente.
Los niños aprenden que el ayuno no se trata sólo de soportar el hambre, sino que más bien forma una actitud respetuosa hacia los demás y hacia la naturaleza. En familias interreligiosas o entornos heterogéneos, el respeto por las prácticas religiosas de los vecinos se convierte en una lección viva de tolerancia.
Mientras tanto, a nivel social, las reuniones de Ramadán y Cuaresma pueden fomentar una transformación de la tolerancia pasiva a la solidaridad activa. A los servicios medioambientales, la plantación de árboles, la gestión colectiva de residuos o las cocinas públicas para grupos vulnerables se les puede dar un significado espiritual en todas las religiones. Estas acciones muestran que la fe, cuando se traduce en acción, es capaz de responder a problemas comunes.
Cabe señalar y enfatizar que este esfuerzo no es un sincretismo religioso. Cada tradición sigue en pie con su propia identidad y enseñanzas, sin mezclarse. Lo que se construye es un espacio ético compartido, donde los valores universales (simplicidad, justicia, cuidado) se viven concretamente. Es precisamente respetando las diferencias de cada uno que la armonía encuentra su forma más madura.
Indonesia, con su diversidad, necesita más momentos como este: momentos en los que la fe no se utilice como un marcador de «nosotros» y «ellos», sino como una fuente de energía moral para cuidar la vida juntos.
El Ramadán y la Cuaresma van de la mano son un recordatorio de que detrás de las diferencias en ritos y doctrinas, hay un mismo llamado: ser seres humanos más sabios, más solidarios y más responsables unos con otros y con la Tierra.
Finalmente, el encuentro de estos dos períodos de ayuno nos plantea a todos una pregunta reflexiva: después de soportar el hambre y limitarnos, ¿estamos también dispuestos a cambiar nuestra forma de vida y hacerla nuestro propio carácter? Si la respuesta es sí, entonces el Ramadán y la Cuaresma no dejan de ser eventos del calendario, sino que se convierten en puntos de inflexión éticos (para las escuelas, las familias y la sociedad de Indonesia) hacia una armonía más profunda y un futuro ecológico más sostenible.
*) Símbolo formal es el Supervisor Católico de la Oficina Regional del Ministerio de Religión de la Provincia de Banten

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