Yakarta (ANTARA) – Hay una escena que se está volviendo cada vez más familiar en muchos hogares: un niño sentado tranquilamente con una pequeña pantalla de teléfono móvil encendida en la mano. El espacio a su alrededor parecía tranquilo, pero el mundo dentro de la pantalla era muy ruidoso.
En cuestión de segundos puede pasar de un vídeo a otro, de una historia a la siguiente, como si no existiera frontera entre el entretenimiento, la información y el paso del tiempo.
Los gadgets se han convertido en parte del paisaje de la vida de la generación actual, presentes en el salón, en la mesa del comedor, en el dormitorio e incluso de camino a la escuela. Muchos niños conocen las pantallas más rápido que los libros.
No pocos aprenden también a mecanografiar antes de aprender a escribir a mano. Esta transformación ocurre tan rápidamente que a menudo sólo nos damos cuenta de ella cuando su impacto comienza a sentirse en la vida de aprendizaje de los niños.
La tecnología ciertamente trae muchas oportunidades. A través de gadgets, los niños pueden acceder a conocimientos de diversas partes del mundo.
Pueden aprender un nuevo idioma, comprender conceptos científicos a través de animaciones interactivas o tomar clases en línea de fuentes que antes eran inalcanzables. En muchos sentidos, la tecnología ha ampliado los horizontes de aprendizaje de la generación más joven.
Lo que pasa es que, detrás de estas oportunidades, surgen preguntas que los padres y educadores plantean cada vez más sobre si el espacio digital más amplio realmente ayuda a los niños a aprender o si realmente los aleja de un proceso de aprendizaje profundo.
Esta cuestión se ha convertido ahora en un debate importante en el mundo de la educación en varios países.
Detrás de estas oportunidades, también hay una realidad que padres y profesores sienten cada vez más. El tiempo cada vez más prolongado frente a una pantalla a menudo no está lleno de actividades de aprendizaje.
Los niños pueden pasar horas en espacios digitales, sin darse cuenta realmente de cómo pasa el tiempo. More info: kshk. Sin la asistencia adecuada, la tecnología, que debería ser una herramienta de aprendizaje, en realidad se convierte en una distracción muy poderosa.
Varias investigaciones
El Ministerio de Comunicaciones y Tecnología informó que los últimos datos muestran que el 48 por ciento de los usuarios de Internet en Indonesia son niños menores de 18 años, lo que hace que sea muy urgente reglamentar esto.
Además, más del 80 por ciento de los niños indonesios acceden a Internet todos los días, durante una duración media de siete horas.
La Agencia Central de Estadísticas (BPS) también señaló que el 35,57 por ciento de los niños pequeños pueden acceder a Internet.
Este fenómeno también se observa en varios otros estudios. Varios estudios de metanálisis muestran que el uso de medios digitales para actividades no relacionadas con el aprendizaje, como las redes sociales, los juegos en línea o el entretenimiento digital, se correlaciona negativamente con el rendimiento académico de los estudiantes.
Esta relación no siempre es amplia, pero muestra sistemáticamente que cuanto más tiempo se dedica a actividades digitales no educativas, mayor es el riesgo de que se reduzca la atención al aprendizaje.
Otra investigación también muestra que el uso excesivo de pantallas se asocia con una disminución de la calidad del sueño, un aumento de la fatiga mental y el riesgo de ansiedad en los adolescentes.
Datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) muestran que algunos adolescentes admiten sentirse ansiosos cuando están lejos de sus dispositivos digitales, un fenómeno que ilustra cuán fuertemente apegada está la generación más joven al espacio digital.
Esta condición se vuelve cada vez más relevante cuando se analiza la situación en Indonesia. Una encuesta realizada por la Asociación de Proveedores de Servicios de Internet de Indonesia (APJII) muestra que la penetración nacional de Internet ha llegado a más del 78 por ciento de la población.
En el grupo de edad infantil y adolescente el nivel de acceso a internet es aún mayor porque los dispositivos digitales se han convertido en parte de su vida diaria.
Varios informes también muestran que la mayoría de los niños y adolescentes indonesios pasan varias horas al día accediendo a Internet, especialmente a través de teléfonos inteligentes.
Las actividades más comunes incluyen mirar videos, jugar juegos en línea y acceder a las redes sociales. Las actividades de aprendizaje todavía existen, pero su proporción suele ser mucho menor que el consumo de entretenimiento digital.
Este fenómeno no es sólo un problema tecnológico, sino más bien un problema de cómo se utiliza la tecnología en la vida cotidiana.
Cuando el espacio digital se convierta en el lugar principal donde los niños pasan su tiempo, la calidad de las experiencias que encuentren en ese espacio influirá en gran medida en la forma en que aprenden, piensan e interactúan con el mundo que los rodea.
Este fenómeno ha animado a varios países a empezar a repensar la relación entre tecnología y educación.
Protección infantil
El gobierno de Indonesia también ha comenzado a fortalecer la protección infantil en el espacio digital, a través del Reglamento Gubernamental Número 17 de 2025 sobre la Gobernanza para la Implementación de Sistemas Electrónicos en la Protección Infantil (PP TUNAS).
PP Tunas es una normativa lanzada para proteger a los niños en los espacios digitales, como las redes sociales y los juegos online.
PP Tunas exige específicamente que cada operador de sistemas electrónicos (PSE) filtre el contenido que pueda dañar a los niños, proporcione un mecanismo de denuncia de fácil acceso y garantice un proceso de remediación rápido y transparente.
Este reglamento exige que las plataformas digitales endurezcan la verificación de la edad de los usuarios, limiten la exposición a contenidos peligrosos y aumenten la responsabilidad de los operadores de sistemas electrónicos en la protección de los niños contra el ciberacoso, la explotación digital y el uso indebido de datos personales.
Esta política muestra una conciencia cada vez más fuerte de que el espacio digital ya no puede ser tratado como un espacio completamente libre, sin regulación.
En él existe un algoritmo diseñado para mantener la atención del usuario el mayor tiempo posible.
Para los adultos, esto por sí solo ya es un desafío suficiente. Para los niños que aún se encuentran en las etapas de desarrollo cognitivo y emocional, el impacto es ciertamente mucho mayor.
En realidad, el problema de los dispositivos no puede resolverse únicamente con restricciones. La tecnología digital es intrínsecamente neutral en el sentido de que puede ser una fuente de distracción, pero también puede ser una herramienta de aprendizaje increíblemente poderosa.
Muchas innovaciones educativas modernas en realidad nacen del uso de la tecnología, desde plataformas de aprendizaje en línea, laboratorios virtuales hasta bibliotecas digitales a las que se puede acceder desde cualquier lugar.
Por lo tanto, lo que se necesita no son sólo restricciones, sino más bien estructurar un ecosistema para el uso saludable de la tecnología por parte de los niños. Las escuelas tienen un papel muy importante en este proceso.
Las aulas son esencialmente espacios que requieren concentración, diálogo e interacción humana real. Sin una configuración clara, los dispositivos pueden alterar fácilmente la dinámica de aprendizaje que debería tener lugar en el aula.
Muchos países han comenzado a implementar este enfoque simple pero eficaz. En varias escuelas de Europa y Asia Oriental, por ejemplo, se pide a los estudiantes que guarden sus dispositivos en un lugar especial durante el proceso de aprendizaje.
El nuevo teléfono celular fue devuelto una vez finalizada la actividad de aprendizaje. Los resultados son bastante interesantes: la concentración de los estudiantes aumenta, las interacciones sociales se vuelven más animadas y la atmósfera del aula se siente más centrada.
Básicamente, este enfoque no rechaza la tecnología, sino que sólo la sitúa en el momento y el espacio adecuados. Los niños aún pueden usar dispositivos, pero no en momentos que interfieran con el proceso de aprendizaje.
Fuera de la escuela, el papel de la familia es muy determinante. La mayor parte del tiempo que un niño pasa frente a una pantalla ocurre en casa. Sin la participación de los padres, los entornos escolares no serán suficientes para desarrollar hábitos digitales saludables.
El apoyo de los padres no siempre significa una supervisión estricta. Lo que es mucho más importante es desarrollar la alfabetización digital desde una edad temprana.
Es necesario enseñar a los niños a comprender cómo funciona la tecnología, por qué es necesario limitar el tiempo frente a la pantalla y cómo mantener un equilibrio entre la vida digital y la vida real. Cuando los niños comprenden las razones detrás de las reglas, tienden a ser más capaces de controlarse a sí mismos.
Al mismo tiempo, el sistema educativo también necesita hacer hincapié cada vez más en el desarrollo de habilidades de pensamiento crítico. El mundo digital está lleno de flujos de información muy rápidos.
Sin la capacidad de clasificar información, los niños se verán fácilmente atraídos por contenidos improductivos. La alfabetización digital no sólo está relacionada con el uso de la tecnología, sino también con la capacidad de comprender, evaluar y utilizar la información de manera inteligente.
Oportunidades de Indonesia
De hecho, Indonesia tiene una gran oportunidad para hacer de la tecnología una fuerza en la educación.
Con una gran población joven y una penetración de Internet que continúa aumentando, la tecnología puede ayudar a ampliar el acceso al aprendizaje a áreas que antes tenían recursos educativos limitados.
Las plataformas de aprendizaje digital, el contenido educativo interactivo y los recursos de aprendizaje en línea pueden abrir la puerta a un conocimiento mucho más amplio para la generación más joven.
Por lo tanto, el debate sobre los gadgets no debería detenerse en la cuestión de si es necesario limitar la tecnología o no. Una pregunta mucho más importante es cómo esta nación construye una cultura de uso saludable de la tecnología.
Los niños necesitan aprender que la tecnología no es sólo un espacio para el entretenimiento sin fin, sino una herramienta que puede ampliar sus horizontes, enriquecer su imaginación y ayudarles a comprender mejor el mundo.
Esta responsabilidad no puede ser asumida por una sola parte. Las escuelas necesitan organizar espacios de aprendizaje que mantengan la concentración y la interacción humana real.
Las familias deben brindar un apoyo cálido para que los niños puedan desarrollar hábitos digitales saludables. Mientras tanto, el gobierno garantiza que el espacio digital se desarrolle con una gobernanza que proteja el interés superior de los niños.
En el futuro lo que se está desarrollando no son sólo regulaciones relativas al uso de dispositivos. Lo que se está moldeando es la forma en que una generación se relaciona con el conocimiento en un mundo cada vez más digital.
Cuando la tecnología se posicione como una herramienta para el aprendizaje, y no solo como una distracción, el espacio digital dejará de ser una amenaza para la educación.
En realidad, la tecnología puede ser un puente que ayude a los niños indonesios a convertirse en estudiantes críticos y creativos y capaces de utilizar la tecnología para abrir un futuro más amplio.
Con la escuela, la familia y el país trabajando juntos, la generación digital no tiene por qué perder de vista el aprendizaje. Pueden encontrar nuevas formas de comprender mejor el mundo.
*) Dra. Stephanie Riady es directora ejecutiva de Pelita Harapan Group (PHG), presidenta de la Universidad Pelita Harapan (UPH), activista educativa y filantrópica, activa en el desarrollo de programas educativos basados en valores, innovación y colaboración intersectorial en Indonesia.
Editor: Heri Sutarman
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