Yakarta (ANTARA) – La estación seca de este año aún no ha alcanzado su punto máximo, pero los síntomas han llegado antes de lo habitual, marcados por la sequedad en varias áreas que comienza a sentirse a medida que disminuyen la humedad del suelo y el agua de turba.
Al mismo tiempo, se aceleró la preparación, al darse cuenta de que la estación seca de este año conlleva riesgos que no se pueden posponer. Las proyecciones muestran que las precipitaciones tienen el potencial de ser las más bajas en tres décadas, extendiendo la estación seca y aumentando la presión sobre los bosques y las turberas.
Según lecturas de la Agencia de Meteorología, Climatología y Geofísica (BMKG), se espera que la temporada seca comience a expandirse a partir de mediados de año y alcance su punto máximo entre julio y septiembre de 2026, cuando la mayoría de las zonas entran en la fase más seca y vulnerable. Este lapso de tiempo es crucial, porque los períodos secos prolongados brindan espacio para la acumulación de calor y reducciones significativas en la humedad del suelo.
En tales condiciones, el cambio se produce lentamente: las hojas se secan, el suelo pierde agua y la turba comienza a retener brasas invisibles.
La amenaza se movió silenciosamente desde debajo de la superficie, antes de transformarse finalmente en un incendio difícil de extinguir y que rápidamente se extendió a través de las fronteras regionales.
Esta preocupación no carece de fundamento, pero puede verse en el cambio en los patrones climáticos desde principios de año, cuando las lluvias llegaron con menos frecuencia de lo habitual.
La presión de este año ya no es una simple estación seca, sino más bien una combinación de una larga duración de la sequía y una importante reducción de las precipitaciones, lo que ha aumentado el riesgo de incendios desde el inicio de la temporada, especialmente en las zonas de turberas, como subrayó una vez más el ministro de Medio Ambiente, Hanif Faisol Nurofiq.
Seis provincias vuelven a ser el foco principal: Riau, Jambi, Sumatra del Sur, Kalimantan Occidental, Kalimantan Central y Kalimantan del Sur.
Estas zonas tienen similitudes básicas: grandes extensiones de turba que, en condiciones secas, se convierten en focos de incendio difíciles de controlar. Allí, el fuego no sólo arde en la superficie, sino que también se propaga bajo tierra, persiste durante mucho tiempo y, a menudo, reaparece cuando las condiciones lo permiten.
La presión incluso comenzó a sentirse antes de que la estación seca alcanzara su punto máximo, cuando varias áreas como Riau comenzaron a registrar la aparición de puntos críticos antes. Este fenómeno enfatiza que los incendios forestales y terrestres en Indonesia no son eventos aleatorios, sino patrones recurrentes que siguen los ciclos climáticos y la presión sobre la tierra.
Para comprender la magnitud de los desafíos de este año, es importante mirar hacia atrás, a los logros que alguna vez nos dieron optimismo.
A lo largo de 2025, Indonesia registró una superficie de incendios de alrededor de 213.984 hectáreas, una disminución significativa con respecto a las 376.805 hectáreas de 2024. Esta disminución no es sólo una cifra, sino una señal de que el enfoque de prevención está empezando a funcionar de forma más eficaz sobre el terreno.
En un período más largo, el contraste se vuelve más claro si se compara con 2019, cuando los incendios se extendieron a más de 1,6 millones de hectáreas. En términos de indicadores iniciales, el número de puntos críticos en 2025 se registrará en alrededor de 2.705, un descenso de más del 90 por ciento en comparación con los 29.341 de 2019.
Este logro refleja una combinación de mejora de la gobernanza, fortalecimiento de la supervisión y participación de la comunidad en el control de incendios, incluso mediante la restauración de la turba y patrullas integradas en diversas zonas vulnerables. De esta manera, Indonesia ya no se encuentra completamente en un patrón reactivo, sino que está comenzando a avanzar hacia la prevención basada en el sistema.
Sin embargo, este éxito también presenta nuevos desafíos. Las expectativas sobre las capacidades del sistema son ahora mucho mayores y, a medida que aumentan las presiones climáticas, los logros pasados ya no son una garantía, sino que deben probarse en condiciones más extremas.
Estrategia de prevención y firmeza jurídica
Ante amenazas cada vez más complejas, el enfoque de Indonesia avanza cada vez más firmemente hacia la prevención como principal línea de defensa. Alentar a los gobiernos regionales a establecer de inmediato un estado de alerta de emergencia es un primer paso crucial, porque a partir de ese punto la respuesta puede avanzar más rápidamente y el apoyo central puede movilizarse inmediatamente sobre el terreno.
Este paso es importante para evitar retrasos en la gestión, teniendo en cuenta que muchos incendios grandes comienzan a partir de incendios pequeños que no se controlan inmediatamente. Varias regiones, como Riau y Kalimantan Occidental, están empezando a mostrar una preparación temprana adoptando medidas preventivas antes de que las condiciones empeoren.
En Riau, las estrategias de prevención se implementan mediante operaciones de modificación del clima para mantener la humedad de las turberas. Este esfuerzo implica sembrar nubes en áreas vulnerables para provocar lluvia artificial antes de que la sequía alcance un punto crítico, lo que refleja un cambio en el enfoque, de extinguir incendios a prevenirlos en primer lugar.
Mientras tanto, en Kalimantan Occidental, la preparación se logra mediante patrullas intensivas, monitoreo sobre el terreno y fortalecimiento de la coordinación entre agencias.
En este ámbito, la atención no sólo se centra en el fuego, sino también en indicadores tempranos como el nivel del agua en la turba. Cuando los niveles de agua descienden más allá de los umbrales seguros, el riesgo de incendio aumenta drásticamente y exige una intervención inmediata.
Un enfoque basado en datos es ahora la nueva base para controlar los incendios forestales y terrestres, reemplazando viejos patrones que tienden a ser reactivos.
Sin embargo, las estrategias técnicas por sí solas no son suficientes si no van acompañadas de firmeza en la aplicación de la ley. El control de incendios también debe abordar aspectos de rendición de cuentas, especialmente para los actores empresariales; Varias empresas han ingresado al proceso de disputa ambiental como parte de los esfuerzos para tomar medidas contra los casos de incendios terrestres.
Esta medida es un mensaje claro de que quemar tierras es una violación de la ley que debe abordarse sin compromisos.
Al mismo tiempo, la comunidad se posiciona como la primera capa de defensa en la detección de incendios. Se están fortaleciendo los grupos de concientización sobre incendios para garantizar que se puedan encontrar los puntos calientes antes de que se conviertan en desastres importantes.
Su papel es crucial, especialmente en grandes áreas donde es difícil lograr una supervisión formal, aunque su eficacia aún depende del apoyo de capacitación, equipo e incentivos adecuados.
Así, el sistema de prevención de incendios forestales y terrestres en Indonesia se basa ahora en tres pilares principales: tecnología, sociedad y derecho. Los tres forman una red de seguridad diseñada para cerrar las brechas de riesgo desde varios lados.
Sin embargo, el mayor desafío sigue siendo la coherencia de la implementación en el terreno.
Las diferencias de capacidad entre regiones, las presiones económicas locales y el tamaño de la región son factores que pueden debilitar la eficacia de la estrategia. En condiciones de sequía extrema, incluso un pequeño incendio puede convertirse en una crisis importante si la respuesta llega demasiado tarde.
La larga sequía de este año no se debe sólo al clima seco, sino que es una prueba de hasta qué punto Indonesia ha mejorado frente a las repetidas amenazas. Indonesia ya no se encuentra en el mismo punto que hace una década, sino que avanza con un sistema más maduro, mensurable y basado en la experiencia.
El fortalecimiento de la prevención, la preparación regional, la intervención tecnológica y la firmeza jurídica muestran que el control de los incendios forestales y terrestres ahora se maneja de manera más integral.
El logro de 2025 es una prueba de que este enfoque no es sólo un plan sobre el papel, sino que en realidad ha funcionado para extinguir incendios y limitar su impacto.
Ahora, a medida que aumentan las presiones climáticas y se prevé que las sequías se vuelvan más extremas, esa base se convierte en el capital principal para enfrentar mayores riesgos.
En medio de cielos en los que cada vez llueve menos, la preparación de Indonesia ya no es reactiva, sino que funciona como un sistema capaz de leer señales, responder más rápidamente y contener los incendios antes de que se propaguen.
Con una dirección política cada vez más coherente y una coordinación cada vez más sólida, Indonesia está demostrando que la amenaza de los incendios forestales ya no es sólo una crisis anual, sino un desafío que puede gestionarse con estrategias cada vez más sólidas y adaptables.
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