La petición en apoyo a la presidencia de la Berlinale crece a casi 700 nombres


Una petición en apoyo de Tricia Tuttle, directora del Festival de Cine de Berlín, ha crecido hasta alcanzar a casi 700 personas del sector cinematográfico, entre directores, productores y actores.

Entre los firmantes se encuentran la actriz ganadora del Oscar Tilda Swinton, Kleber Mendonça Filho, director nominado al Oscar por “El agente secreto”, el director nominado al Oscar Oren Moverman, Ari Folman, director nominado al Oscar por “Vals con Bashir”, la productora Nancy Spielberg e Ilker Çatak, director de la película nominada al Oscar “The Teachers’ Lounge”.

Otros nombres incluyen a Caroline Link, directora ganadora del Oscar por “Nowhere in Africa”, Nadav Lapid, director ganador del Oso de Oro por “Synonyms”, la actriz, guionista y directora Maria Schrader, ganadora del Emmy por “Unorthodox”, el director Ira Sachs y Maren Ade, directora de la película nominada al Oscar “Toni Erdmann”.

La petición se produce antes de una reunión extraordinaria celebrada el jueves por la mañana entre el ministro de Cultura alemán, Wolfram Weimer, y el organismo organizador del Festival de Cine de Berlín para discutir la “dirección futura” de la Berlinale. Se cree que la reunión se celebró en respuesta a las críticas a las declaraciones políticas realizadas en el festival que criticaban a Israel.

La petición dice: «Si se convoca una reunión extraordinaria para decidir el futuro de la dirección del festival, está en juego mucho más que un solo nombramiento. Lo que está en juego es la relación entre libertad artística e independencia institucional».

Aquí está el comunicado completo:

Una carta abierta sobre el futuro de la Berlinale
Como cineastas en Alemania y fuera de ella, seguimos con profunda preocupación el debate actual en torno a la Berlinale y la propuesta de despido de Tricia Tuttle. Defendemos la Berlinale porque es esencialmente un lugar de intercambio.

La Berlinale es más que una simple alfombra roja o una serie de titulares. Es un espacio donde se cruzan perspectivas, se cuestionan narrativas y se exponen tensiones sociales. Aquí es donde se desarrolla el discurso: en el corazón del cine.

Las críticas recientes se han centrado en declaraciones hechas desde el escenario. Esta declaración no la hizo la propia dirección del festival, sino los cineastas invitados. Los festivales de cine internacionales no son instrumentos de diplomacia; es un espacio cultural democrático que merece ser protegido. Su fortaleza radica en su capacidad para sostener diversas perspectivas y brindar visibilidad a una pluralidad de voces.

Una foto de los dirigentes del festival con los realizadores, que muestra una bandera palestina, también generó críticas. Tomarse fotografías con invitados internacionales es parte de la práctica de este tipo de festivales. El surgimiento de identidades diferentes no es un respaldo; esta es una expresión de espacio público abierto y democrático.

Cuando se extraen consecuencias personales de declaraciones individuales o interpretaciones simbólicas, surge una señal preocupante: las instituciones culturales están bajo presión política.

Si se convoca una reunión extraordinaria para decidir el futuro de la dirección del festival, entonces estará en juego más de un nombramiento. Lo que está en juego es la relación entre libertad artística e independencia institucional.

La Berlinale siempre ha sido política: no un partido político, pero sí un compromiso social. Las películas hacen visibles los conflictos, abren perspectivas y hacen reales las experiencias de injusticia y violencia. El cine plantea cuestiones morales y nos pide que soportemos ambigüedades en lugar de resolverlas prematuramente. Esto ilumina las estructuras de poder y da visibilidad a las experiencias de opresión, no para brindar respuestas simples, sino para permitir un debate público significativo. Ahí es donde radica el valor democrático.

Especialmente en tiempos de crisis global, necesitamos espacios que puedan sostener el desacuerdo. La independencia de las instituciones culturales no sólo protege la libertad artística, sino también la vitalidad del propio discurso democrático.

Si toda controversia conduce a un impacto institucional, entonces el discurso dará paso al control.

Apoyamos una cultura de intercambio, no de intimidación mnh4.

Cuando la diversidad sigue siendo visible, la democracia sigue viva.



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