¿Amenaza de Xi Jinping a Putin?

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📂 Categoría: Nalar Politik,politik internasional,Rusia,Tiongkok,Vladimir Putin,Xi Jinping | 📅 Fecha: 1770521666

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Se considera que el encanto de China en la política internacional podría repercutir en la erosión de sus relaciones con Rusia. ¿Porqué es eso?


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En los últimos meses, el panorama político internacional se ha sentido como un tablero de ajedrez cuyas piezas de repente se mueven de manera diferente a lo previsto. China y Estados Unidos, que durante mucho tiempo se consideró que se encaminaban hacia una rivalidad sin frenos, en realidad están dando señales de una comunicación más cálida, como lo demuestra la llamada telefónica entre Donald Trump y Xi Jinping en febrero, ambos planeando incluso reunirse el próximo abril.

Al mismo tiempo, Beijing también parece ser cada vez más activo a la hora de recibir visitas de líderes de los principales países europeos y de importantes socios económicos mundiales, reuniéndose en los últimos dos meses con los jefes de Estado de Francia, Inglaterra y Canadá. Esta situación plantea nuevas preguntas: si China logra ampliar el espacio de diálogo con Occidente, ¿cómo afectará esto a sus relaciones estratégicas con Rusia?

En los últimos años, Moscú y Beijing han sido percibidos a menudo como un contraeje del status quo. Sin embargo, las relaciones entre las grandes potencias rara vez son verdaderamente permanentes. La historia muestra que la proximidad geopolítica es a menudo situacional, no ideológica. Entonces, es natural especular: ¿la mayor flexibilidad diplomática de China cambiará la posición de Rusia en los cálculos estratégicos de Beijing?

Esta pregunta es importante no sólo para comprender las relaciones bilaterales entre los dos países, sino también para leer la dirección de la constelación global. Si la dinámica entre China y Occidente cambia, el equilibrio de poder euroasiático, los mercados energéticos globales y las estrategias de los países en desarrollo podrían verse afectados. Para comprender este cambio potencial, debemos examinar con mayor claridad los fundamentos de las relaciones entre Rusia y China, tanto en términos de economía, geopolítica, teoría de las relaciones internacionales y las largas huellas históricas de ambas.

¿Son sólidas las bases de la Alianza?

En primer lugar, desde un punto de vista económico, las relaciones entre Rusia y China en realidad no son completamente simétricas. Rusia depende en gran medida de las exportaciones de energía y materias primas a China, mientras que Beijing obtiene materias primas y nuevos mercados para sus productos industriales. En los últimos años, la posición negociadora de China parece haber mejorado, especialmente cuando Rusia perdió cierto acceso a los mercados occidentales debido a las sanciones internacionales. Esta situación crea relaciones que tienden a ser desequilibradas y las relaciones asimétricas rara vez son estables en el largo plazo.

En segundo lugar, desde una perspectiva geopolítica, hay varias áreas que tienen el potencial de convertirse en puntos de fricción. Asia Central, por ejemplo, es una región que históricamente ha estado en la órbita de seguridad de Rusia, pero que ahora está cada vez más integrada con la economía de China a través de importantes proyectos de infraestructura e inversión. Lo mismo ocurre con el Ártico, que Moscú considera una región estratégica, mientras que Beijing está empezando a posicionarse como un actor económico importante a través de rutas marítimas y energéticas. Aunque esto todavía no ha desencadenado un conflicto abierto, esta superposición de intereses puede dar lugar a tensiones latentes.

En tercer lugar, la teoría de las relaciones internacionales proporciona una lente adicional. En el concepto de Interdependencia Compleja, los países tienden a priorizar socios que brinden acceso a alta tecnología, mercados amplios y estabilidad financiera. Desde esta perspectiva, Europa y Estados Unidos siguen teniendo un atractivo económico que a Rusia le resulta difícil reemplazar. Una cercanía excesiva con Moscú corre el riesgo de sanciones secundarias o barreras comerciales, por lo que, racionalmente, Beijing tiene un incentivo para mantener relaciones equilibradas con Occidente.

Sin embargo, lo que a menudo se olvida es la larga historia de relaciones entre Rusia y China, que no siempre han sido armoniosas. En la era del Imperio Ruso del siglo XIX, las dos potencias alguna vez compitieron por la influencia en Asia Oriental y Asia Central. Los acuerdos fronterizos de aquella época fueron incluso considerados por algunos historiadores chinos como «acuerdos injustos» que perjudicaban a Pekín.

Las tensiones continuaron durante la era de la Guerra Fría. Inicialmente, la República Popular China y la Unión Soviética parecían aliados ideológicos, pero las relaciones se rompieron a finales de los años cincuenta. La rivalidad ideológica entre Mao Zedong y Nikita Khrushchev se convirtió en un conflicto geopolítico abierto. El pico se produjo en 1969, cuando los enfrentamientos armados en el río Ussuri casi desencadenaron una gran guerra entre los dos países comunistas.
Curiosamente, después de que las relaciones con los soviéticos se deterioraron, China se acercó a Estados Unidos a principios de la década de 1970, una medida pragmática que cambió el equilibrio global en ese momento.

La visita de Richard Nixon a Beijing se convirtió en un símbolo de cómo China es capaz de cambiar su orientación estratégica cuando los intereses nacionales así lo exigen. Al final de la Guerra Fría, Beijing volvió a demostrar una flexibilidad similar al ampliar las relaciones económicas globales, incluso con los países occidentales.
Esta trayectoria histórica muestra un patrón consistente: la política exterior de China tiende a ser pragmática y basada en intereses, no en una lealtad permanente a un bloque. Esto significa que la cercanía con Rusia hoy no garantiza automáticamente la misma relación en el futuro, especialmente si el entorno geopolítico cambia o surgen nuevas oportunidades económicas.

Sin embargo, es importante señalar que las relaciones entre Rusia y China todavía tienen fuertes intereses mutuos, como el deseo de reducir el dominio de un sistema internacional que se considera demasiado centrado en Occidente. Este interés es el que hace que ambos sigan trabajando juntos en diversos foros internacionales y grandes proyectos energéticos. Por lo tanto, hablar de una “escisión total” es aún prematuro.

Aún no ha sucedido, pero ¿existe alguna probabilidad?

Teniendo en cuenta todos estos factores, una posibilidad más realista no es un divorcio geopolítico dramático, sino más bien un cambio gradual en la jerarquía de relaciones. China puede mantener su asociación estratégica con Rusia, pero al mismo tiempo ampliar el espacio de cooperación con Occidente en aras de la estabilidad económica y tecnológica. El mundo puede ser testigo de relaciones que formalmente siguen siendo estrechas, pero que en esencia se vuelven más pragmáticas y selectivas.

Para Rusia, el principal desafío es cómo mantener su posición como socio estratégico, no sólo como proveedor de energía. Mientras tanto, para China, mantener un equilibrio entre los intereses económicos globales y las asociaciones geopolíticas es la clave para evitar el aislamiento. Ambos países tienen incentivos para seguir trabajando juntos, pero la historia demuestra que los intereses nacionales son siempre el principal factor determinante.

Al final, las relaciones entre Rusia y China pueden parecerse más a dos grandes potencias que se necesitan mutuamente y desconfían mutuamente. Mientras la presión externa siga siendo alta, los dos tienden a mantener cercanía. Sin embargo, si el panorama global cambia (por ejemplo, a través de mejoras en las relaciones de China con Occidente), el equilibrio interno de estas asociaciones podría cambiar en consecuencia.

Para los observadores de la geopolítica, la pregunta interesante de cara al futuro no es si se dividirán, sino qué forma podría adoptar la nueva relación: ¿seguirá siendo una alianza flexible y pragmática, o se transformará lentamente en una rivalidad silenciosa bajo la superficie de la cooperación? La respuesta determinará en gran medida la dirección de la política euroasiática y la dinámica del poder global en las próximas décadas. (D74)

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Se considera que el encanto de China en la política internacional podría repercutir en la erosión de sus relaciones con Rusia. ¿Porqué es eso?


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En los últimos meses, el panorama político internacional se ha sentido como un tablero de ajedrez cuyas piezas de repente se mueven de manera diferente a lo previsto. China y Estados Unidos, que durante mucho tiempo se consideró que se encaminaban hacia una rivalidad sin frenos, en realidad están dando señales de una comunicación más cálida, como lo demuestra la llamada telefónica entre Donald Trump y Xi Jinping en febrero, ambos planeando incluso reunirse el próximo abril.

Al mismo tiempo, Beijing también parece ser cada vez más activo a la hora de recibir visitas de líderes de los principales países europeos y de importantes socios económicos mundiales, reuniéndose en los últimos dos meses con los jefes de Estado de Francia, Inglaterra y Canadá. Esta situación plantea nuevas preguntas: si China logra ampliar el espacio de diálogo con Occidente, ¿cómo afectará esto a sus relaciones estratégicas con Rusia?

En los últimos años, Moscú y Beijing han sido percibidos a menudo como un contraeje del status quo. Sin embargo, las relaciones entre las grandes potencias rara vez son verdaderamente permanentes. La historia muestra que la proximidad geopolítica es a menudo situacional, no ideológica. Entonces, es natural especular: ¿la mayor flexibilidad diplomática de China cambiará la posición de Rusia en los cálculos estratégicos de Beijing?

Esta pregunta es importante no sólo para comprender las relaciones bilaterales entre los dos países, sino también para leer la dirección de la constelación global. Si la dinámica entre China y Occidente cambia, el equilibrio de poder euroasiático, los mercados energéticos globales y las estrategias de los países en desarrollo podrían verse afectados. Para comprender este cambio potencial, debemos examinar con mayor claridad los fundamentos de las relaciones entre Rusia y China, tanto en términos de economía, geopolítica, teoría de las relaciones internacionales y las largas huellas históricas de ambas.

¿Son sólidas las bases de la Alianza?

En primer lugar, desde un punto de vista económico, las relaciones entre Rusia y China en realidad no son completamente simétricas. Rusia depende en gran medida de las exportaciones de energía y materias primas a China, mientras que Beijing obtiene materias primas y nuevos mercados para sus productos industriales. En los últimos años, la posición negociadora de China parece haber mejorado, especialmente cuando Rusia perdió cierto acceso a los mercados occidentales debido a las sanciones internacionales. Esta situación crea relaciones que tienden a ser desequilibradas y las relaciones asimétricas rara vez son estables en el largo plazo.

En segundo lugar, desde una perspectiva geopolítica, hay varias áreas que tienen el potencial de convertirse en puntos de fricción. Asia Central, por ejemplo, es una región que históricamente ha estado en la órbita de seguridad de Rusia, pero que ahora está cada vez más integrada con la economía de China a través de importantes proyectos de infraestructura e inversión. Lo mismo ocurre con el Ártico, que Moscú considera una región estratégica, mientras que Beijing está empezando a posicionarse como un actor económico importante a través de rutas marítimas y energéticas. Aunque esto todavía no ha desencadenado un conflicto abierto, esta superposición de intereses puede dar lugar a tensiones latentes.

En tercer lugar, la teoría de las relaciones internacionales proporciona una lente adicional. En el concepto de Interdependencia Compleja, los países tienden a priorizar socios que brinden acceso a alta tecnología, mercados amplios y estabilidad financiera. Desde esta perspectiva, Europa y Estados Unidos siguen teniendo un atractivo económico que a Rusia le resulta difícil reemplazar. Una cercanía excesiva con Moscú corre el riesgo de sanciones secundarias o barreras comerciales, por lo que, racionalmente, Beijing tiene un incentivo para mantener relaciones equilibradas con Occidente.

Sin embargo, lo que a menudo se olvida es la larga historia de relaciones entre Rusia y China, que no siempre han sido armoniosas. En la era del Imperio Ruso del siglo XIX, las dos potencias alguna vez compitieron por la influencia en Asia Oriental y Asia Central. Los acuerdos fronterizos de aquella época fueron incluso considerados por algunos historiadores chinos como «acuerdos injustos» que perjudicaban a Pekín.

Las tensiones continuaron durante la era de la Guerra Fría. Inicialmente, la República Popular China y la Unión Soviética parecían aliados ideológicos, pero las relaciones se rompieron a finales de los años cincuenta. La rivalidad ideológica entre Mao Zedong y Nikita Khrushchev se convirtió en un conflicto geopolítico abierto. El pico se produjo en 1969, cuando los enfrentamientos armados en el río Ussuri casi desencadenaron una gran guerra entre los dos países comunistas.
Curiosamente, después de que las relaciones con los soviéticos se deterioraron, China se acercó a Estados Unidos a principios de la década de 1970, una medida pragmática que cambió el equilibrio global en ese momento.

La visita de Richard Nixon a Beijing se convirtió en un símbolo de cómo China es capaz de cambiar su orientación estratégica cuando los intereses nacionales así lo exigen. Al final de la Guerra Fría, Beijing volvió a demostrar una flexibilidad similar al ampliar las relaciones económicas globales, incluso con los países occidentales.
Esta trayectoria histórica muestra un patrón consistente: la política exterior de China tiende a ser pragmática y basada en intereses, no en una lealtad permanente a un bloque. Esto significa que la cercanía con Rusia hoy no garantiza automáticamente la misma relación en el futuro, especialmente si el entorno geopolítico cambia o surgen nuevas oportunidades económicas.

Sin embargo, es importante señalar que las relaciones entre Rusia y China todavía tienen fuertes intereses mutuos, como el deseo de reducir el dominio de un sistema internacional que se considera demasiado centrado en Occidente. Este interés es el que hace que ambos sigan trabajando juntos en diversos foros internacionales y grandes proyectos energéticos. Por lo tanto, hablar de una “escisión total” es aún prematuro.

Aún no ha sucedido, pero ¿existe alguna probabilidad?

Teniendo en cuenta todos estos factores, una posibilidad más realista no es un divorcio geopolítico dramático, sino más bien un cambio gradual en la jerarquía de relaciones. China puede mantener su asociación estratégica con Rusia, pero al mismo tiempo ampliar el espacio de cooperación con Occidente en aras de la estabilidad económica y tecnológica. El mundo puede ser testigo de relaciones que formalmente siguen siendo estrechas, pero que en esencia se vuelven más pragmáticas y selectivas.

Para Rusia, el principal desafío es cómo mantener su posición como socio estratégico, no sólo como proveedor de energía. Mientras tanto, para China, mantener un equilibrio entre los intereses económicos globales y las asociaciones geopolíticas es la clave para evitar el aislamiento. Ambos países tienen incentivos para seguir trabajando juntos, pero la historia demuestra que los intereses nacionales son siempre el principal factor determinante.

Al final, las relaciones entre Rusia y China pueden parecerse más a dos grandes potencias que se necesitan mutuamente y desconfían mutuamente. Mientras la presión externa siga siendo alta, los dos tienden a mantener cercanía. Sin embargo, si el panorama global cambia (por ejemplo, a través de mejoras en las relaciones de China con Occidente), el equilibrio interno de estas asociaciones podría cambiar en consecuencia.

Para los observadores de la geopolítica, la pregunta interesante de cara al futuro no es si se dividirán, sino qué forma podría adoptar la nueva relación: ¿seguirá siendo una alianza flexible y pragmática, o se transformará lentamente en una rivalidad silenciosa bajo la superficie de la cooperación? La respuesta determinará en gran medida la dirección de la política euroasiática y la dinámica del poder global en las próximas décadas. (D74)

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📰 Publicación: www.pinterpolitik.com
✍️ Autor: D74
📅 Fecha Original: 2026-02-08 03:25:00
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Nota de transparencia: Este artículo ha sido traducido y adaptado del inglés al español para facilitar su comprensión. El contenido se mantiene fiel a la fuente original, disponible en el enlace proporcionado arriba.

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