El bienestar de los jueces y los desafíos a la integridad judicial

Yakarta (ANTARA) – El aumento de los salarios y prestaciones de los jueces a principios de 2026 es una de las políticas más destacadas en el ámbito del derecho y la justicia.

A través del Reglamento Gubernamental Número 42 de 2025, el estado ha aumentado significativamente las asignaciones de los jueces, que van desde 46,7 millones de IDR por mes para los jueces de primera instancia en los tribunales de clase II hasta 110,5 millones de IDR por mes para el Presidente del Tribunal Superior.

Esta política pone fin a la larga espera, teniendo en cuenta que los salarios y prestaciones de los jueces apenas han sufrido ajustes significativos desde 2012. El gobierno llama a esta medida una forma de respeto estatal por el papel de los jueces como último bastión de la justicia, así como un esfuerzo para fortalecer la independencia del poder judicial frente a las presiones económicas.

Sin embargo, la euforia de una prosperidad creciente fue acompañada inmediatamente por una dinámica seria. El aumento de las indemnizaciones previsto en el PP 42/2025 no cubre necesariamente a los jueces ad hoc, incluidos los jueces ad hoc encargados de corrupción, relaciones laborales, pesca y derechos humanos. Esta condición desencadenó protestas y amenazas de huelgas judiciales por parte de jueces ad hoc que se sentían abandonados, a pesar de que en la práctica procesal tenían las mismas responsabilidades judiciales.

Ante esta situación, Palacio afirmó que los sueldos y asignaciones de los jueces ad hoc se manejarían específicamente mediante normas separadas, con montos ajustados a los jueces de carrera. Esta afirmación indica que la política asistencial del juez aún se encuentra en proceso de estructuración y no ha sido concluida en su totalidad.

El público ciertamente espera que los aumentos en los salarios y asignaciones de los jueces no se queden como meras políticas administrativas. Se debe lograr una mayor prosperidad con una reforma judicial real: mejorar la calidad de las decisiones, la transparencia, la supervisión efectiva y fortalecer la integridad desde el primer nivel hasta la Corte Suprema.

Esta esperanza surge en medio de que las prácticas corruptas y violaciones éticas en el sector justicia aún son recurrentes, a pesar de que se han implementado diversas políticas de mejora. En tales condiciones, aumentar el bienestar de los jueces se convierte en una prueba seria: ¿el Estado simplemente está aumentando las cifras de ingresos o realmente está buscando integridad y una reforma judicial holística?

Mayor responsabilidad

El aumento de los sueldos y prestaciones de los jueces debe entenderse como un nuevo contrato social entre el Estado, los jueces y el público. En la teoría del Estado de derecho, la independencia del poder judicial no es sólo una cuestión de estar libre de interferencias políticas, sino también de estar libre de presiones económicas que puedan afectar la objetividad de las decisiones.

Desde la perspectiva integridad institucional, El bienestar es un prerrequisito estructural para que los jueces puedan desempeñar funciones judiciales de forma independiente. Es decir, cuando el Estado ha cumplido estos prerrequisitos a través de la política fiscal, la legitimidad moral para exigir mayor integridad y calidad de las decisiones se vuelve completamente legítima.

Sin embargo, la teoría y la práctica a menudo muestran una gran brecha. Acercarse análisis económico del derecho (análisis económico de la ley) advierte que aumentar los incentivos financieros no elimina automáticamente el comportamiento desviado si el riesgo de ser descubierto es bajo y las sanciones son inconsistentes.

En otras palabras, los salarios altos sin un sistema sólido de rendición de cuentas tienen el potencial de dar lugar a la ilusión de una reforma. La integridad de los jueces no nace únicamente del monto de los ingresos, sino del ecosistema judicial: contratación basada en el mérito, ascensos justos, transparencia de las decisiones y mecanismos. recompensa y castigo firme y predecible.

Aquí es donde la reforma judicial se vuelve una necesidad, no un complemento. El aumento del bienestar debe ir acompañado de mejoras sistémicas, empezando por el fortalecimiento de la supervisión interna y externa, la aplicación consistente del código de ética y la apertura de la información pública sobre los procesos y resultados judiciales.

Sin ella, la política de bienestar corre el riesgo de seguir siendo una medida administrativa numerosa pero con poco impacto sustancial. Por otro lado, si se lleva a cabo junto con una reforma integral, el aumento de los salarios de los jueces podría ser un instrumento importante para afirmar un poder judicial con integridad y restaurar la confianza pública en la justicia.

Paga justicia, cobra integridad

Si el aumento de los salarios de los jueces se entiende como una inversión estatal, entonces la medida del éxito no reside en términos nominales, sino en cambios en el comportamiento institucional.

Los puntos de referencia son simples pero decisivos: ¿las decisiones se están volviendo más razonadas y consistentes, los procesos judiciales son más abiertos y el sesgo sobre la ley prevalece sobre cualquier interés fuera de la sala del tribunal? Sin estos indicadores, las políticas de bienestar sólo quedarán claramente registradas en los informes financieros, pero carecerán de significado para quienes buscan justicia.

En realidad, este impulso abre espacio para reorganizar la arquitectura de la rendición de cuentas judicial. No añadiendo jerga, sino mediante prácticas concretas: publicación de decisiones de fácil acceso y comprensión, evaluación del desempeño basada en la calidad de las decisiones y supervisión ética receptiva e independiente.

Este tipo de reforma no espera a que lleguen casos importantes; trabajar de manera silenciosa, consistente y sustentable, cambiando hábitos, no simplemente corrigiendo violaciones.

Entonces, esta apuesta política es de largo plazo. La creciente prosperidad debe dar como resultado un aumento del coraje moral: atreverse a ser diferente cuando la ley lo exige, atreverse a ser transparente cuando nos observan y atrevernos a ser justos cuando llega la tentación. Por lo tanto, el público no sólo ve al Estado pagando un alto precio por la justicia, sino que también ve la justicia en acción: tranquila, firme y digna de confianza.

*) Raihan Muhammad es un activista de derechos humanos; observador de la política, el derecho y las políticas públicas



Fuente