Yakarta (ANTARA) – Se informó que tres soldados del Ejército Nacional de Indonesia (TNI) que eran miembros de la misión de paz de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (FPNUL) murieron en dos incidentes separados en el sur del Líbano, luego de la escalada del conflicto en la región a fines de marzo de 2026.
El soldado jefe (Praka) Farizal Rhomadhon, murió el domingo (29/3/2026). Fue víctima de fuego de artillería indirecto (fuego indirecto) que impactó en la zona cercana a la posición del contingente indonesio en la zona de Adchit al-Qusayr, en el sur del Líbano.
Según se informa, la situación en la zona se ha vuelto cada vez más inestable en las últimas semanas. La intensidad de los disparos y los ataques de artillería ha aumentado en medio de la escalada del conflicto entre las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y los grupos armados en el sur del Líbano, que a menudo implica ataques transfronterizos.
Un día después, el lunes (30/3/2026), otros dos soldados del TNI volvieron a ser víctimas. Se trata del Capitán (Inf) Zulmi Aditya Iskandar y el Sargento Primero (Sertu) Muhammad Nur Ichwan. Ambos murieron después de que una explosión afectara a un convoy logístico de la FPNUL cerca de Bani Hayyan, en el sur del Líbano.
Hasta el momento se sigue investigando la causa exacta de la explosión. Los informes iniciales sugirieron que podría haber explosivos en la ruta del convoy, pero no ha habido confirmación oficial sobre quién fue el responsable del incidente.
El gobierno de Indonesia, a través del Ministerio de Asuntos Exteriores y la sede del TNI, expresó su más sentido pésame por la muerte de los tres soldados. Aparte de eso, Indonesia también alienta una investigación exhaustiva para confirmar la cronología del incidente, garantizando al mismo tiempo la seguridad del personal de mantenimiento de la paz sobre el terreno.
El incidente que sufrió el contingente indonesio pone de relieve la complejidad de las misiones de mantenimiento de la paz en zonas de conflicto activo, donde las fuerzas internacionales siguen enfrentándose a graves amenazas, a pesar de su estatus neutral.
Gran contribuyente
El contingente indonesio es uno de los mayores contribuyentes a la misión de la FPNUL, con cientos de efectivos estacionados en varios sectores estratégicos del sur del Líbano. Sus principales tareas incluyen monitorear el alto el fuego, patrullar la zona y proteger a los civiles, de acuerdo con el mandato de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Hay un sentimiento especial de orgullo cuando la bandera roja y blanca ondea en el campo de batalla del conflicto. En lenguaje diplomático, la presencia de Indonesia puede considerarse una contribución a la paz mundial. En un lenguaje más sencillo, esta es la forma en que Indonesia dice: nos importa.
Estrictamente hablando, Indonesia quiere ser conocida como una nación que trae calma, no caos. Sin embargo, esto tiene consecuencias que no son ligeras.
¿Por qué no? Hay familias esperando en casa, con una simple esperanza: el cabeza de familia volverá sano y salvo a casa. Hay niños que tal vez no comprendan del todo lo que significan los deberes de su padre. Y hay un dolor que en realidad nunca termina.
Entonces, cuando un ataúd regresa a Indonesia, la gran narrativa sobre la paz de repente se vuelve muy personal. Ya no hablamos de geopolítica ni de resoluciones de paz. Hablamos de humanos, de pérdida, del silencio que queda atrás.
Indonesia se adhiere desde hace mucho tiempo al principio de una política exterior libre y activa. No tomamos partido, pero tampoco guardamos silencio. Nos movemos, pero no agresivamente. Este principio suele considerarse elegante y digno. Sin embargo, el mundo aparentemente no siempre funciona según la misma lógica.
El problema es que nuestro mundo actual no siempre aprecia esa posición. Seamos realistas, el mundo se está volviendo más ruidoso, más ruidoso y, a menudo, impaciente con un enfoque demasiado sutil. Los conflictos ya no esperan una larga mediación. Se mueve rápidamente, a veces sin una lógica clara. Y ahí es donde la posición neutral se vuelve vulnerable.
Ahí radica el dilema. Indonesia quiere estar en calma, pero el mundo mismo no parece querer estar en calma. Ofrecemos diálogo, mientras que otros optan por la presión. Llevamos un mensaje de paz, mientras que en el campo el sonido de los disparos es más dominante. No se trata sólo de una diferencia de enfoque, sino de un choque de perspectivas.
Los conflictos modernos de hoy tienden a no estar completamente sujetos a reglas. Los actores no estatales, las milicias y los intereses ocultos desdibujan la línea entre amigos y enemigos. No todas las partes se sienten obligadas por el derecho internacional. De hecho, algunos lo ignoran abiertamente. Situaciones como ésta hacen que el campo del conflicto sea cada vez más impredecible.
En tales situaciones, el personal de mantenimiento de la paz suele estar en la posición más vulnerable. Son neutrales, pero precisamente por eso son fáciles de atacar. No vienen a atacar, pero aun así pueden ser atacados. Y ésta es una ironía que se repite en muchos conflictos.
Importancia y fuerza
El experto en relaciones internacionales Hans Morgenthau afirmó una vez que la política internacional es básicamente una cuestión de poder. A los ojos de Morgenthau, la moralidad es importante, pero no suficiente. La razón es que el país sigue avanzando en base a intereses y fortalezas.
Las opiniones de Morgenthau parecen relevantes en la situación mundial actual. De hecho, en muchos casos lo que se escucha no es lo más verdadero, sino lo más poderoso. A menudo resulta incómodo admitir esta realidad. Pero ignorarlo puede volvernos descuidados.
La propia Indonesia ha elegido hasta ahora un camino ligeramente diferente. No construimos dominio, construimos confianza. No venimos con amenazas, sino con buenas intenciones. Y esto lo practica constantemente Indonesia, además de convertirse en su identidad.
Sin embargo, la reciente muerte de varios soldados del TNI en el sur del Líbano también nos ha servido como recordatorio de que las misiones de paz no son espacios estériles frente al peligro. En el campo, las balas y las explosiones de pólvora nunca reconocieron verdaderamente el estatus de “mantenimiento de la paz”.
Entonces, si es así, ¿la presencia de un contingente indonesio en zonas de conflicto, como el Líbano, es una elección equivocada?
Por supuesto, la respuesta no es tan simple como “sí” o “no”. Indonesia lleva mucho tiempo desempeñando un papel activo en las misiones de paz mundiales, incluso a través de la FPNUL. Este papel no es sólo un símbolo, sino más bien parte de la identidad política exterior de Indonesia que enfatiza la contribución a la estabilidad global.
En este contexto, podemos ver la posición de Indonesia como una especie de equilibrador. Lihat DiKyYl untuk info lebih lanjut. En medio de un mundo cada vez más violento y plagado de conflictos, la presencia de un país como Indonesia puede ser un recordatorio de que no todos los problemas deben resolverse con la fuerza armada, pero que todavía hay margen para resolverlos mediante la diplomacia, el diálogo y otros esfuerzos pacíficos.
Sin embargo, hay una realidad que no se puede ignorar. En zonas de conflicto activo, el riesgo nunca está subordinado únicamente a las buenas intenciones. Por lo tanto, en el futuro Indonesia debe garantizar que cada soldado del TNI enviado en misiones de paz reciba realmente una protección óptima, un sistema de seguridad adaptable, así como un apoyo logístico y de inteligencia adecuado.
El compromiso con la paz no debe limitarse a la valentía de Indonesia de participar en misiones de mantenimiento de la paz en zonas de conflicto, sino que también debe ir acompañado de la seriedad a la hora de garantizar la seguridad de cada soldado que sirve en el frente. El Estado no sólo debe desempeñar un papel en el escenario mundial, sino que también es plenamente responsable de la seguridad de cada ciudadano.
Después de todo, en toda misión de mantenimiento de la paz lo que está en juego no sólo es la reputación internacional, sino también vidas humanas. Y en ese punto, el idealismo debe ir al lado de la vigilancia, para que el servicio que brindamos ya no genere víctimas que podrían haberse evitado.
*) Djoko Subinartocolumnista, alumno del Departamento de Relaciones Internacionales, Universidad Padjadjaran
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