Yakarta (ANTARA) – Las críticas no son una amenaza para el trabajo del Estado, especialmente en situaciones de crisis, como los desastres naturales.
Por el contrario, la crítica constructiva es una parte importante de un ecosistema de comunicación pública saludable.
Los problemas surgen cuando las críticas pierden su base de datos y sus hechos, convirtiéndose en ataques emocionales, acusaciones de conspiración e incluso discursos de odio que empeoran las cosas.
Cuando miles de TNI, Polri y personal voluntario están trabajando en la recuperación posterior al desastre en Aceh, Sumatra del Norte y Sumatra Occidental, con un apoyo financiero de emergencia de 268 mil millones de IDR y objetivos de recuperación estrictos, el flujo de información pública debería ser un apoyo, no un obstáculo. Lo que sucede a menudo es lo contrario: las narrativas no verificadas se difunden rápidamente, creando opiniones colectivas improductivas e incluso provocando pánico.
Desde una perspectiva de comunicación de crisis, la crítica constructiva funciona como un mecanismo de corrección. Las sugerencias relativas a la distribución de ayuda, la atención sanitaria o la coordinación sobre el terreno son formas válidas y necesarias de supervisión pública. Este tipo de crítica ayuda a los formuladores de políticas a ver brechas y realizar mejoras.
Por otro lado, las críticas que sólo toman la forma de acusaciones, sin pruebas, ataques personales o generalizaciones de las malas intenciones del gobierno, ya no funcionan como control social, sino que se acercan más al discurso del odio.
Vivimos en una era posverdadcuando las opiniones suelen ser más influyentes que los hechos. En caso de emergencia, esta situación es muy peligrosa. Información falsa, ya sea difundida involuntariamente (desinformación) o con intenciones maliciosas (desinformación), puede convertirse rápidamente en un engaño que desate un pánico masivo.
Claire Wardle, experta en desinformación de la Universidad de Brown, EE.UU., en su estudio sobre desorden de información Dijo que en situaciones de emergencia como desastres naturales, el gobierno debe adoptar una estrategia mando y controluna estrategia de comunicación firme y coordinada, sin dejar de distinguir la crítica educativa de las narrativas dañinas. Distinguir entre desinformación de desinformación.
Desde la perspectiva de la comunicación pública, la línea entre la crítica y el insulto reside en la intención, el contenido y el impacto. ¿La crítica se basa en datos? ¿Está ofreciendo una solución o simplemente desahogando su ira? ¿Calma al público o incita al miedo y al odio?
Las críticas que atacan a personas, difunden temas falsos, como amenazas de tsunami o acusaciones de conspiraciones para ayudar, claramente exceden los límites de la libertad de expresión y tienen el potencial de poner en peligro la seguridad pública.
Por lo tanto, la aplicación de la ley contra la difusión de engaños y discursos de odio en situaciones de desastre no puede denominarse simplemente silenciamiento. En la teoría de la comunicación de crisis, este paso tiene como objetivo mantener la cohesión social y garantizar que la información precisa domine el espacio público. Por supuesto, las acciones legales deben basarse en pruebas objetivas y no deben utilizarse para silenciar críticas legítimas.
El artículo principal que puede utilizarse para atraparlos es el artículo 28, apartado 3, de la Ley 1/2024 (UU ITE), la difusión de información falsa que provoque disturbios, con una pena de 6 años de prisión y/o una multa de 1.000 millones de IDR (artículo 45A, apartado 3).
En el caso de las inundaciones y los deslizamientos de tierra en Sumatra, las autoridades han detenido a varios sospechosos que difundían engaños. Difundieron rumores falsos sobre el «aumento del nivel del mar» o un «tsunami» en la aldea de Lhok Sandeng, distrito de Meurah Dua, lo que provocó un pánico masivo.
La experiencia mundial muestra lo peligrosos que pueden ser los engaños en situaciones críticas. Desde documentos falsos que provocaron odio masivo en el pasado hasta engaños sanitarios modernos que provocan la pérdida de vidas, todos muestran un patrón: la información falsa siempre empeora el sufrimiento de la víctima.
Aún recuerdo la historia»Protocolos de los Sabios de Sión«? Un documento falsificado del siglo XIX, que luego alimentó el antisemitismo y contribuyó al Holocausto, matando a millones de personas.
En la era moderna, el Pizzagate, un engaño sobre la trata de niños, provocó un ataque armado a un restaurante, poniendo en peligro cientos de vidas.
O durante la pandemia de COVID-19, los engaños sobre hidroxicloroquina como una “droga milagrosa” vinculada a 17.000 muertes debido a retrasos en el tratamiento.
En el contexto del desastre de Sumatra, se ha demostrado que los engaños obstaculizan la distribución de ayuda y reducen la confianza del público en los esfuerzos de recuperación.
El gobierno, en este caso, no es enemigo de la libertad de expresión. Su papel es el de guardián de la estabilidad, cuando la sociedad se encuentra en una condición vulnerable, pero esta responsabilidad debe equilibrarse con una estrategia de comunicación que sea transparente, receptiva y basada en hechos. Las conferencias de prensa constantes, la colaboración con medios de comunicación y científicos independientes y la alfabetización digital del público son las claves para generar confianza.
El almirante Thad Allen, experto en comunicaciones de crisis, enfatizó una vez que las críticas destructivas y los ataques personales al gobierno durante un desastre pueden dañar la moral de los equipos de rescate y confundir al público. Esta afirmación no es una invitación a cerrar el espacio a la crítica, sino más bien un recordatorio de que no todas las opiniones aportan los mismos beneficios.
En definitiva, la crítica no es un sabotaje. La crítica legítima es una herramienta de mejora, mientras que los ataques, sin pruebas, son distracciones dañinas. Nuestro desafío colectivo es mantener un equilibrio: garantizar que las críticas constructivas sigan vivas y al mismo tiempo rechazar los discursos de odio y los engaños que socavan los esfuerzos de recuperación.
Con una conciencia colectiva para comunicar de manera responsable, la sociedad puede ayudar a Sumatra a recuperarse del desastre, sin perder la esencia de la democracia. De hecho, en medio de una tormenta de crisis, la madurez a la hora de transmitir críticas es una medida de la fortaleza de nuestra democracia.
*) Dr. Eko Wahyuanto, MM es profesor en el Multi Media College (MMTC) Komdigi Yogyakarta

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