Enseñar el ayuno en el marco del interés superior del niño

Yakarta (ANTARA) – El mes sagrado del Ramadán saludará una vez más a los musulmanes en toda Indonesia. La cálida atmósfera del sahur, el canto de versos sagrados y el momento de romper el ayuno juntos se convierten en una experiencia colectiva que forma la memoria espiritual de la familia.

Detrás del ambiente de servicio se esconde un proceso de aprendizaje que no es sencillo para los niños, especialmente para aquellos que acaban de probar el ayuno por primera vez.

Para los adultos, el ayuno es una obligación religiosa llena de significado de autocontrol y empatía social. Para los niños, el ayuno es una experiencia nueva que toca las dimensiones física, emocional y social.

La cuestión no es sólo cuándo los niños empiezan a aprender a ayunar, sino cómo garantizar que el proceso esté en consonancia con el principio del interés superior del niño.

Los datos de la Agencia Central de Estadísticas (BPS) muestran que alrededor del 87 por ciento de la población de Indonesia es musulmana. Esto significa que el Ramadán es un impulso social a escala nacional que afecta a millones de niños. Casi todos los entornos sociales (familia, escuela e incluso los medios de comunicación) experimentan un cambio de ritmo durante el mes de ayuno. En un contexto tan grande como éste, el acercamiento a los niños cobra mucha importancia.

En 2025, el Ministerio para el Empoderamiento de la Mujer y la Protección de la Infancia (Kemen PPPA) inició una Declaración Conjunta sobre el Movimiento Ramadán Favorable para los Niños con seis ministerios/instituciones con el lema «Ramadán alegre, niños felices». Este movimiento enfatiza que el Ramadán debe ser un espacio seguro y agradable para la formación del carácter de los niños, no un espacio de presión o competencia por la piedad.

Este principio está en consonancia con la Convención sobre los Derechos del Niño (Convención sobre los Derechos del Niño/CRC) que ha sido ratificado por Indonesia mediante el Decreto Presidencial número 36 de 1990. El CRC enfatiza que en toda acción relacionada con los niños, el interés superior del niño debe ser la consideración principal. Este principio no es sólo una norma legal, sino más bien una guía moral en toda práctica parental, incluida la educación religiosa.

Los niños que no han llegado a la pubertad no están obligados a ayunar por completo. En la tradición islámica, la introducción del culto se lleva a cabo en etapas según la capacidad. Este enfoque en realidad refleja respeto por la capacidad de desarrollo del niño (capacidades en evolución) según lo establecido en la CDN. Los niños tienen derecho a recibir orientación religiosa de sus padres, pero también tienen derecho a la protección de su salud física y mental.

La psiquiatra Dra. Aimee Nugroho, SpKJ, recordó que obligar a los niños a ayunar que no están preparados puede provocar estrés emocional. Los padres deben ser sensibles a signos como irritabilidad, llanto excesivo o retraimiento. Este mensaje es importante porque los datos sobre la salud mental de los niños indonesios muestran que los desafíos no son pequeños.

Las encuestas nacionales de salud indican que alrededor de uno de cada tres niños de entre 10 y 17 años experimenta problemas de salud mental, y uno de cada 20 adolescentes experimentó un trastorno mental en el último año. En tales situaciones, una crianza sensible se convierte en una necesidad urgente.

La investigación científica también muestra que el ayuno en adolescentes sanos generalmente no tiene un impacto significativo en las funciones cognitivas, como la concentración y la toma de decisiones.

Sin embargo, estos hallazgos aún requieren buenas condiciones de salud y una ingesta nutricional adecuada al amanecer y romper el ayuno. Esto significa que el ayuno no es sólo una cuestión de intención y resistencia, sino también una cuestión de responsabilidad de los padres para garantizar que se satisfagan las necesidades nutricionales.

Aquí radica la importancia de la perspectiva del interés superior del niño. La enseñanza del ayuno no debe limitarse al aspecto ritual de resistir el hambre y la sed. Debe ser un proceso completo de educación del carácter: enseñar paciencia sin provocar traumas, desarrollar disciplina sin crear miedo y fomentar la empatía sin crear sentimientos de culpa.

De hecho, el Ramadán abre grandes oportunidades para fortalecer las relaciones familiares. Sahur juntos puede ser un espacio para un diálogo cálido. Romper el ayuno puede ser un momento de reflexión sobre la gratitud. Los niños pueden participar compartiendo actividades con otros para comprender el significado de la solidaridad social. Cuando los niños se sienten escuchados y apreciados, la experiencia del ayuno se convertirá en un feliz recuerdo espiritual.

La Ley Número 35 de 2014 sobre Protección de la Infancia también hace hincapié en la obligación de los padres de cuidar, mantener, educar y proteger a los niños y desarrollarlos de acuerdo con sus capacidades, talentos e intereses. Esta disposición subraya que la educación religiosa, incluida la introducción del ayuno, debe llevarse a cabo teniendo en cuenta las condiciones individuales de cada niño.

El ayuno es en realidad un ejercicio de autocontrol. Sin embargo, para los niños, esta formación requiere orientación, ejemplo y empatía. Los niños aprenden no sólo de las instrucciones, sino también de la atmósfera creada en casa. Si el ayuno se presenta como una experiencia significativa y amorosa, crecerá como una base espiritual sólida.

Por otro lado, si se introduce mediante presión y comparación, puede dejar una impresión desagradable.

En el marco del desarrollo de los recursos humanos, la formación del carácter desde una edad temprana es una inversión a largo plazo. El Ramadán ofrece un espacio educativo muy rico: educación en la paciencia, la conciencia social, la gestión emocional y la disciplina. Todo esto sólo será eficaz si se sitúa en el marco de los derechos del niño.

Al final, enseñar a los niños a ayunar no se trata sólo de prepararlos para cumplir con sus obligaciones religiosas en el futuro. Es un proceso de guiarlos a comprender los valores humanos de una manera que respete su dignidad y desarrollo.

Un Ramadán amigable para los niños no es un Ramadán que los libere del aprendizaje, sino un Ramadán que presenta el aprendizaje en una atmósfera segura, llena de amor y que respeta sus capacidades.

Porque es en los niños a quienes se confía el futuro de la nación. Y es en la forma en que los guiamos que los valores espirituales encontrarán su significado más profundo.

*) Fakih Usman es inspectora del Ministerio de Empoderamiento de la Mujer y Protección Infantil (Kemen PPPA)



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