Lectura de señales naturales de la tierra y el cielo.

Mataram (ANTARA) – En muchas regiones propensas a desastres, las mañanas suelen comenzar con señales de la naturaleza que llegan sin previo aviso. Las sutiles vibraciones que mueven las cosas en la casa o los truenos que parten el cielo acompañados de fuertes lluvias, sirven como recordatorio de que el ser humano convive con las fuerzas de la naturaleza que siguen trabajando.

Al entrar en 2026, estas señales se sentirán más cercanas en la vida cotidiana, no porque los desastres siempre estén presentes a gran escala, sino porque su frecuencia está aumentando, los datos son cada vez más legibles y las advertencias se suceden una tras otra.

En Nusa Tenggara Occidental (NTB), estas dos voces no son desconocidas. Las vibraciones de los terremotos y los relámpagos son parte del paisaje natural que forma el estado de alerta de los habitantes desde la costa hasta la montaña.

A lo largo de 2025, la región NTB se verá sacudida por 6.657 terremotos. Esta cifra no es sólo una estadística, sino más bien una confirmación de que NTB vive en un escenario tectónico activo.

Al mismo tiempo, se registraron más de un millón de rayos cayendo sobre los cielos de esta provincia archipelágica, con la mayor concentración en la isla de Sumbawa.

Se pronostica que las lluvias intensas disminuirán, pero el clima extremo en realidad no ha desaparecido. Simplemente cambia de forma, llega de manera más local, más repentina y, a menudo, se entrelaza con otras amenazas como inundaciones por mareas y olas altas.

Es en este punto que la vigilancia se convierte en una cuestión pública urgente. Ya no se trata sólo de leer pronósticos meteorológicos o seguir consejos cuando se siente un terremoto, sino de cómo la sociedad y el gobierno interpretan las señales naturales como base para construir resiliencia colectiva.

Señal

Geológicamente, NTB se encuentra en una zona complicada. La subducción de la placa indoaustraliana en el sur, la falla de empuje Flores Back Arc en el norte, así como una serie de fallas activas en tierra y mar, hacen de los terremotos un fenómeno inseparable.

La mayoría de los terremotos registrados fueron pequeños, de magnitud inferior a 3, y no se sintieron. Sin embargo, la historia registra que los terremotos destructivos en realidad nacen del mismo sistema, como ocurrió en Lombok en 2018.

Esto significa que muchos terremotos pequeños no son motivo para sentirse seguro, sino más bien un recordatorio de que la energía está en constante movimiento.

En las capas atmosféricas la dinámica no es menos compleja. Más de un millón de rayos caídos a lo largo de 2025 demuestran lo activos que son los procesos convectivos (transferencia de calor o masa) en esta región.

Los rayos no son sólo un fenómeno visual, son un indicador de nubes cumulonimbo (nubes verticales gigantes), fuertes lluvias intensas de corta duración y la posibilidad de fuertes vientos. En Sumbawa Regency, la intensidad de los rayos alcanzó en determinadas zonas más de 168 rayos por kilómetro.

Esto coloca al área en una categoría de alto riesgo de interrupción de las actividades al aire libre, la agricultura y la infraestructura eléctrica.

El comienzo de 2026 trae una nueva narrativa. De hecho, la tendencia a las fuertes lluvias está en declive debido al debilitamiento de una serie de factores climáticos globales. El índice dipolo del Océano Índico se acerca a la neutralidad, La Niña se encuentra en una fase débil y la oscilación Madden Julian está inactiva.

Sin embargo, esta disminución no significa necesariamente que el clima se haya vuelto más dócil. De hecho, la lluvia tiende a ser local, cae de manera desigual y suele ir acompañada de relámpagos. En el contexto de los desastres, patrones como este suelen ser más peligrosos porque son difíciles de predecir para la gente corriente.

Esta situación se ve exacerbada por el carácter de NTB como provincia archipelágica. Hasta una cuarta parte de los pueblos y subdistritos se encuentran directamente junto al mar. Cuando la lluvia, las mareas máximas y la dinámica atmosférica se encuentran, las inundaciones por mareas se convierten en una amenaza real.

El fenómeno de la superluna y la fase de luna nueva a finales de 2025 han proporcionado una imagen clara de cómo el agua del mar puede subir hasta casi dos metros e inundar zonas costeras.

Esta señal no desaparecerá en 2026, porque los ciclos astronómicos y climáticos seguirán repitiéndose.

Vigilancia

Los datos sobre terremotos, rayos y lluvias extremas no deben limitarse a informes anuales. Debe traducirse en políticas, comportamientos y una cultura de alerta.

Éste es el mayor desafío de NTB. La vigilancia a menudo aumenta sólo después de que ocurre un desastre importante y luego se relaja lentamente con el tiempo. De hecho, los desastres en BNA ocurren con mayor frecuencia en formas pequeñas, repetidas y acumulativas.

A nivel comunitario, aún es necesario ampliar la comprensión de la mitigación. Los pequeños terremotos que se sienten con frecuencia deberían entrenar reflejos seguros, no fomentar una actitud de negligencia.

La caída frecuente de rayos debe entenderse como un motivo para posponer determinadas actividades, no consideradas normales. Es necesario anticipar lluvias breves pero intensas con la preparación del drenaje ambiental y el hábito de no bloquear los flujos de agua.

A nivel de políticas, los datos del BMKG sobre sismicidad y condiciones climáticas extremas deben integrarse más firmemente en la planificación del desarrollo. La distribución de las zonas costeras, las normas de construcción resistentes a los terremotos y la gestión de las cuencas fluviales deben hacer del riesgo la variable principal, no un complemento.

NTB tiene la ventaja de disponer de un sistema de alerta temprana cada vez mejor y de amplias redes de información. El desafío es garantizar que el público comprenda la información, confíe en ella y responda de manera oportuna.

Otro aspecto no menos importante es la coordinación intersectorial. Los desastres hidrometeorológicos y geológicos no conocen fronteras administrativas. Cuando caen fuertes lluvias río arriba y las mareas suben río abajo, el impacto puede extenderse rápidamente.

La preparación de los funcionarios, los voluntarios y las comunidades locales debe integrarse en un esquema claro, desde antes del desastre hasta después del mismo. No se trata sólo de una cuestión de preparación logística, sino también de un flujo de comunicación sencillo y no confuso.

Finalmente, 2026 proporciona un mensaje importante. La naturaleza no está enfadada, sino que habla con un lenguaje cada vez más firme. Los temblores de la tierra, los relámpagos en el cielo y la lluvia repentina son recordatorios de que vivir en una zona propensa a desastres exige conciencia colectiva.

La vigilancia no es una actitud pesimista, sino más bien una forma de amor por el espacio vital compartido. Si los datos se leen claramente y se responden con políticas que respalden la seguridad, entonces las señales naturales pueden convertirse en lecciones, no en desastres.



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