Suenan las alarmas mientras la economía parece fuerte: señales de peligro de Moody’s

Depok (ANTARA) – En los mercados financieros globales, hay voces que son silenciosas pero que determinan la dirección. No grita, no aparece en las pantallas de televisión todos los días, pero cada una de sus palabras puede mover miles de millones de dólares en cuestión de minutos. Uno de ellos es Moody’s Investors Service.

Moody’s no es un formulador de políticas ni un regulador. Él es sólo un «evaluador». Sin embargo, es precisamente por su posición como asesor independiente que se confía en su voz. Trabaja como un médico leyendo resultados de laboratorio: frío, basado en números, sin emociones.

Los inversores globales –desde fondos de pensiones canadienses hasta fondos soberanos de Oriente Medio y gestores de ETF en Nueva York– utilizan las lecturas como una brújula. Muchos de ellos incluso están sujetos a normas internas: sólo pueden invertir en países con una determinada clasificación. Sólo un nivel más abajo, la puerta de inversión se puede cerrar automáticamente. Por eso, cuando Moody’s habla, el mercado escucha. No porque sea el más correcto, sino porque es digno de confianza.

¿Qué significa “perspectiva negativa”?
En el mundo de las calificaciones crediticias, el término perspectiva negativa a menudo se malinterpreta como un veredicto. Aunque no es un mazo de juez, es la sirena de una ambulancia. Esto no es una señal de que el paciente ha muerto, sino de que su condición está empeorando y necesita tratamiento inmediato.

Cuando Moody’s Investors Service rebajó la perspectiva de Indonesia a negativa, el mensaje transmitido fue simple: hoy todavía estás sano, pero la dirección de la política nos hace dudar sobre tu condición mañana.

La calificación Baa2 aún se mantiene, lo que significa que Indonesia se mantiene en el nivel de grado de inversión. Lihat juga hgtgdfgdtr14. Pero el mercado rara vez se fija únicamente en el presente. Los inversores globales viven de cálculos futuros. Preguntan: si se ignoran las tendencias fiscales y políticas actuales, ¿Indonesia seguirá siendo tan fuerte dentro de dos años?

La perspectiva negativa, entonces, es una alerta temprana. Una pausa antes del verdadero declive. Da tiempo para mejorar, pero al mismo tiempo enfatiza que el tiempo es limitado. Si no hay corrección, la historia muestra que el siguiente paso es casi siempre el mismo: bajas de calificaciones, aumento de costos de deuda y reducción del espacio fiscal. Para los países en desarrollo, el costo de la pérdida de confianza suele ser más caro que los costos de los intereses.

Suenan las alarmas en medio del optimismo
Lo que hace que la situación sea irónica es el momento. Indonesia no está al borde de la crisis. El crecimiento económico continúa. Se mantiene el consumo interno. La inflación está relativamente bajo control. Incluso una serie de indicadores macroeconómicos muestran una resiliencia que debería valorarse. Pero fue precisamente en medio de ese optimismo cuando sonó la alarma.

Hace algún tiempo, la dinámica del mercado de valores había mostrado ansiedad. MSCI primero dio señales a través de cuestiones de liquidez y estructura de mercado. Ahora Moody’s viene desde un ángulo diferente, crediticio y fiscal, en una línea similar. Dos instituciones, dos metodologías, pero un mensaje: hay cosas fundamentales que deben resolverse. Esta situación es como una casa que parece robusta desde fuera, pero comienza a escuchar pequeñas grietas en sus cimientos. Aún no se ha derrumbado, pero es suficiente para hacerte detenerte y volver a examinarlo.

Entre crecimiento y confianza
Aquí reside una lección importante que a menudo se pasa por alto en el debate público. Hasta ahora hemos estado demasiado obsesionados con las cifras de crecimiento: cuánto por ciento del PIB ha aumentado, cuántos billones de inversiones han llegado, cuántos kilómetros de carreteras de peaje se han construido. Como si el crecimiento lo fuera todo. Sin embargo, a los ojos del mercado global, hay otra variable que es igualmente importante: la confianza.

El país puede crecer entre un 6 y un 7 por ciento, pero si las políticas son difíciles de predecir, el costo de la deuda sigue siendo elevado. Por otro lado, los países con crecimiento promedio pueden disfrutar de tasas de interés bajas porque se los considera disciplinados y consistentes. Al fin y al cabo, el mercado no cuenta con sueños. Él cuenta con la credibilidad. Y la credibilidad no se construye a partir de promesas, sino a partir de un buen historial de políticas.

Notas sobre empresas estatales y principales programas sociales
Los desafíos actuales de Indonesia también provienen de sus grandes ambiciones. El gobierno quiere actuar rápidamente: acelerar la industrialización, fortalecer las empresas estatales, consolidar activos y al mismo tiempo ampliar la red de seguridad social. En términos de visión, ésta es una agenda audaz.

Pero todo gran salto siempre conlleva consecuencias fiscales. La transformación de las empresas estatales, por ejemplo, requiere un profesionalismo a la par del de las corporaciones globales. Sin una gobernanza estricta, la deuda de las empresas estatales podría convertirse en una obligación estatal. La formación de Danantara también tiene dos caras. Por un lado, tiene el potencial de convertirse en una eficiente máquina de consolidación de activos estatales, una especie de fondo soberano moderno. Por otro lado, sin transparencia y disciplina de inversión, puede convertirse en una caja negra cuyos riesgos son difíciles de evaluar.

Asimismo programas sociales como Comidas Nutritivas Gratuitas o el Programa de Vivienda Asequible. El impacto social es innegable. Pero el mercado seguirá preguntando: ¿cuánto cuesta, quién paga y cómo es sostenible? El mercado no valora las buenas intenciones. Evalúa la capacidad de pago.

Señales a leer
La revisión de las perspectivas de Moody’s en realidad no conlleva un mensaje complicado. Es como una pequeña nota al margen de un informe: recorte los cimientos antes de construir el siguiente piso.

El mercado quiere ver coherencia, no sorpresas. Quiere saber que cada rupia gastada tiene una fuente clara de financiación, que cada proyecto de las empresas estatales se calcula con lógica empresarial y que las políticas no cambian en cada temporada política.

La disciplina fiscal, la transparencia y la gobernanza firme a menudo suenan tecnocráticas, pero es precisamente allí donde nace la confianza. El país no necesita lucir perfecto. Un aspecto bastante predecible. Para los inversores, la seguridad jurídica y la estabilidad en la dirección de las políticas son mucho más valiosas que la promesa de un crecimiento de dos dígitos.

Impulso de reflexión y acción
Precisamente porque se trata sólo de una «perspectiva negativa», Indonesia todavía tiene un lujo que muchos países rara vez tienen: tiempo para mejorar antes de que sea demasiado tarde. La historia muestra que los puntos de inflexión siempre llegan cuando el gobierno se atreve a actuar con rapidez, no a la defensiva. Las comunicaciones fiscales honestas, una hoja de ruta presupuestaria clara, auditorías abiertas de las grandes empresas estatales y prioridades de gasto más selectivas pueden enviar un mensaje contundente al mercado: el país tiene el control.

El cambio no tiene por qué ser revolucionario. Lo que se necesita es coherencia. Las medidas pequeñas pero seguras (controlar el déficit, gestionar los subsidios, garantizar que las tenencias de activos se gestionen profesionalmente, separar los mandatos sociales y comerciales de las empresas estatales) serán mucho más convincentes que la gran retórica.

El mercado siempre premia la credibilidad. Una vez que se ven señales de disciplina, los costos de endeudamiento caen automáticamente, los flujos de efectivo regresan y, por lo general, siguen las calificaciones. Porque, al final, restaurar la confianza no es una cuestión de cuán duro explicamos, sino de cuán bien lo gestionamos.

Cubrir
En última instancia, esta revisión de las perspectivas no debe leerse simplemente como una mala noticia. Se entiende más exactamente como un espejo. Un espejo que muestra lados que quizás hayamos ignorado.

Indonesia no es demasiado tarde. Los fundamentos económicos siguen siendo sólidos. El espacio fiscal aún no es tan reducido como en muchos otros países. Precisamente por eso el impulso de esta corrección es valioso. Muchos países sólo empezaron a mejorar después de que la crisis los obligó a hacerlo. Indonesia puede darse el lujo de mejorar antes de que llegue la crisis.

Puede que Moody’s sea simplemente una agencia de calificación. Pero es un espejo. Y el espejo nunca miente, sólo refleja lo que es. Si hoy nos atrevemos a mejorar, la alarma se apagará por sí sola. Porque al final el mercado no busca un país perfecto, sino un país en el que se pueda confiar. Y la confianza siempre nace de la coherencia, no de las promesas.

*) Bonar Sianturi, Presidente del Sector Económico, Industrial y de Inversiones de DPP Projo.



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