📂 Categoría: Archaeology | 📅 Fecha: 1782803501
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Conny Waters – AncientPages.com – Tollan-Xicocotitlan, o Tula, fue una vez la capital de la civilización tolteca. Se encuentra en Tula de Allende, en el Valle de Tula en el suroeste de Hidalgo, al noroeste de la Ciudad de México. Tula alcanzó su apogeo entre el 900 y el 1100 d.C., pero en el siglo XII su influencia se había desvanecido. Aun así, muchos grupos se establecieron en el área y adoptaron la arquitectura, los artefactos, los rituales y los estilos toltecas para afirmar su estatus como sucesores de la ciudad.
La iconografía de las lápidas indica que provienen de la Pirámide B de Tula. Crédito: Daniel Ponce, INAH.
Esto se ve respaldado por el descubrimiento de un edificio de 40 por 80 metros. El edificio está decorado con imágenes de chalchihuites, cuentas de piedra verde vinculadas al poder y la riqueza, y dos lápidas que se cree provienen de la Pirámide B, que presenta las famosas estatuas de atlantes en la Zona Arqueológica de Tula en Hidalgo.
Al respecto, la Secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, enfatizó que “cada descubrimiento arqueológico amplía nuestro conocimiento del pasado y fortalece el derecho de las generaciones futuras a conocerlo. Este hallazgo en Tula demuestra que la investigación científica y el salvamento arqueológico son fundamentales para proteger un patrimonio que revela la grandeza, la complejidad y la continuidad histórica de las civilizaciones que dieron origen a México”.
Expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) encontraron la Estructura II durante trabajos de salvamento arqueológico iniciados en mayo de 2026. Estos trabajos se desarrollan en paralelo a la construcción de una planta potabilizadora de agua en la colonia 16 de Enero de Tula de Allende.
Felinos en procesión como parte de la decoración de la Pirámide B. Crédito: Gerardo Peña, INAH.
La iconografía de los dos relieves confirma su origen. Uno muestra al dios Tlahuizcalpantecuhtli, una forma de Quetzalcóatl, y el otro muestra a un felino. Ambos coinciden con las imágenes encontradas en la Pirámide B.
Para Luis Gamboa Cabezas, arqueólogo principal del proyecto de rescate, este contexto es evidencia de autolegitimación. “En una época en la que la zona central de Tula quizás ya no era tan sagrada, gente de la periferia llegó al palacio y adoptó los símbolos necesarios para poder identificarse y sentirse toltecas”.
Encontrar la lápida felina también responde a una pregunta que persiste desde hace mucho tiempo. A mediados del siglo XX, el arqueólogo Jorge R. Acosta encontró decoraciones de coyotes y felinos moviéndose de derecha a izquierda en el lado este de la Pirámide B, pero ninguna en el oeste. La nueva lápida, que muestra a los animales moviéndose de izquierda a derecha, demuestra que imágenes de animales rodeaban la estructura.
La decoración de la estructura incluía representaciones de chalchihuites, cuentas de piedra verde asociadas con el poder y la riqueza. Crédito: Gerardo Peña, INAH
El área de la operación de salvamento, situada a casi 100 metros del perímetro de la Zona Arqueológica de Tula (ZAT) y adyacente al río Tula, ha arrojado importantes hallazgos, según los arqueólogos Martha García Sánchez y Carlos Arriaga Mejía del Centro Hidalgo del INAH. En 2018, durante una fase de rescate arqueológico, se descubrieron 23 cráneos con modificaciones dentarias y craneales, características de las élites prehispánicas. Su colocación en vasijas y alineación cerca de un altar indican una conexión con este espacio sagrado.
El INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia) descubrió dos relieves, uno que representa a un felino y otro al dios Tlahuizcalpantecuhtli, en las afueras de la Zona Arqueológica de Tula. Crédito: Gerardo Peña, INAH.
En la actual fase de salvamento arqueológico se ha recuperado una diversa gama de materiales que datan del 1100 al 1521 d.C. Entre ellos se incluyen vasijas, platos, punzones de hueso, cuentas de concha, focas, espirales de huso y numerosas figurillas. Los hallazgos notables incluyen un fragmento pintado de azul que representa a un cánido con un tocado y un fragmento de vasija que representa una serpiente emplumada.
También se recuperaron entierros primarios y secundarios. Entre ellos, destaca la ofrenda simultánea de seis niños, con edades comprendidas entre 1 y 6 años en el momento de su muerte, colocados bajo el suelo de una casa.
También destaca un punzón de cobre que se ajusta a una marca de raspado en la mandíbula inferior de un ser humano; por lo tanto, se cree que se utilizó para la extracción de piel en sacrificios rituales.
Columnas atlantes en la Pirámide B en forma de guerreros toltecas. Crédito: Alejandro Linares García – CC BY-SA 3.0
Debido a que los artefactos se encontraron en tierras históricamente propensas a inundaciones por el río Tula, su preservación requiere un manejo cuidadoso. La pasante de arqueología Diana Pérez Olivera señala que cada pieza es transportada a los campamentos de la ZAT para su resguardo luego de su recuperación.
Los artefactos pasan por una limpieza y clasificación antes de ser registrados en las bases de datos del INAH. Este proceso garantiza que estén disponibles para futuras investigaciones y una posible exhibición pública a largo plazo.
Detalle de una placa encontrada durante la operación de salvamento arqueológico. Crédito: Gerardo Peña, INAH.
Una vez registrados y consolidados los restos arquitectónicos, serán cubiertos con geotextil y tierra para asegurar su conservación. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la Comisión de Agua y Alcantarillado del Estado de Hidalgo acordaron reservar el área para construcciones de bajo impacto que no supondrán un peso significativo sobre las estructuras toltecas.
Ver también: Más noticias de Arqueología
“Este hallazgo reitera que el polígono de la Zona Arqueológica de Tula es solo un porcentaje ínfimo de lo que fue la ciudad prehispánica, por lo tanto, sociedad y gobierno deben sumar esfuerzos para notificar al INAH y salvaguardar cualquier descubrimiento”, concluye el arqueólogo Arriaga Mejía.
Fuente: INAH
Escrito por Conny Waters – AncientPages.com Redactor del personal
Conny Waters – AncientPages.com – Tollan-Xicocotitlan, o Tula, fue una vez la capital de la civilización tolteca. Se encuentra en Tula de Allende, en el Valle de Tula en el suroeste de Hidalgo, al noroeste de la Ciudad de México. Tula alcanzó su apogeo entre el 900 y el 1100 d.C., pero en el siglo XII su influencia se había desvanecido. Aun así, muchos grupos se establecieron en el área y adoptaron la arquitectura, los artefactos, los rituales y los estilos toltecas para afirmar su estatus como sucesores de la ciudad.
La iconografía de las lápidas indica que provienen de la Pirámide B de Tula. Crédito: Daniel Ponce, INAH.
Esto se ve respaldado por el descubrimiento de un edificio de 40 por 80 metros. El edificio está decorado con imágenes de chalchihuites, cuentas de piedra verde vinculadas al poder y la riqueza, y dos lápidas que se cree provienen de la Pirámide B, que presenta las famosas estatuas de atlantes en la Zona Arqueológica de Tula en Hidalgo.
Al respecto, la Secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, enfatizó que “cada descubrimiento arqueológico amplía nuestro conocimiento del pasado y fortalece el derecho de las generaciones futuras a conocerlo. Este hallazgo en Tula demuestra que la investigación científica y el salvamento arqueológico son fundamentales para proteger un patrimonio que revela la grandeza, la complejidad y la continuidad histórica de las civilizaciones que dieron origen a México”.
Expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) encontraron la Estructura II durante trabajos de salvamento arqueológico iniciados en mayo de 2026. Estos trabajos se desarrollan en paralelo a la construcción de una planta potabilizadora de agua en la colonia 16 de Enero de Tula de Allende.
Felinos en procesión como parte de la decoración de la Pirámide B. Crédito: Gerardo Peña, INAH.
La iconografía de los dos relieves confirma su origen. Uno muestra al dios Tlahuizcalpantecuhtli, una forma de Quetzalcóatl, y el otro muestra a un felino. Ambos coinciden con las imágenes encontradas en la Pirámide B.
Para Luis Gamboa Cabezas, arqueólogo principal del proyecto de rescate, este contexto es evidencia de autolegitimación. “En una época en la que la zona central de Tula quizás ya no era tan sagrada, gente de la periferia llegó al palacio y adoptó los símbolos necesarios para poder identificarse y sentirse toltecas”.
Encontrar la lápida felina también responde a una pregunta que persiste desde hace mucho tiempo. A mediados del siglo XX, el arqueólogo Jorge R. Acosta encontró decoraciones de coyotes y felinos moviéndose de derecha a izquierda en el lado este de la Pirámide B, pero ninguna en el oeste. La nueva lápida, que muestra a los animales moviéndose de izquierda a derecha, demuestra que imágenes de animales rodeaban la estructura.
La decoración de la estructura incluía representaciones de chalchihuites, cuentas de piedra verde asociadas con el poder y la riqueza. Crédito: Gerardo Peña, INAH
El área de la operación de salvamento, situada a casi 100 metros del perímetro de la Zona Arqueológica de Tula (ZAT) y adyacente al río Tula, ha arrojado importantes hallazgos, según los arqueólogos Martha García Sánchez y Carlos Arriaga Mejía del Centro Hidalgo del INAH. En 2018, durante una fase de rescate arqueológico, se descubrieron 23 cráneos con modificaciones dentarias y craneales, características de las élites prehispánicas. Su colocación en vasijas y alineación cerca de un altar indican una conexión con este espacio sagrado.
El INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia) descubrió dos relieves, uno que representa a un felino y otro al dios Tlahuizcalpantecuhtli, en las afueras de la Zona Arqueológica de Tula. Crédito: Gerardo Peña, INAH.
En la actual fase de salvamento arqueológico se ha recuperado una diversa gama de materiales que datan del 1100 al 1521 d.C. Entre ellos se incluyen vasijas, platos, punzones de hueso, cuentas de concha, focas, espirales de huso y numerosas figurillas. Los hallazgos notables incluyen un fragmento pintado de azul que representa a un cánido con un tocado y un fragmento de vasija que representa una serpiente emplumada.
También se recuperaron entierros primarios y secundarios. Entre ellos, destaca la ofrenda simultánea de seis niños, con edades comprendidas entre 1 y 6 años en el momento de su muerte, colocados bajo el suelo de una casa.
También destaca un punzón de cobre que se ajusta a una marca de raspado en la mandíbula inferior de un ser humano; por lo tanto, se cree que se utilizó para la extracción de piel en sacrificios rituales.
Columnas atlantes en la Pirámide B en forma de guerreros toltecas. Crédito: Alejandro Linares García – CC BY-SA 3.0
Debido a que los artefactos se encontraron en tierras históricamente propensas a inundaciones por el río Tula, su preservación requiere un manejo cuidadoso. La pasante de arqueología Diana Pérez Olivera señala que cada pieza es transportada a los campamentos de la ZAT para su resguardo luego de su recuperación.
Los artefactos pasan por una limpieza y clasificación antes de ser registrados en las bases de datos del INAH. Este proceso garantiza que estén disponibles para futuras investigaciones y una posible exhibición pública a largo plazo.
Detalle de una placa encontrada durante la operación de salvamento arqueológico. Crédito: Gerardo Peña, INAH.
Una vez registrados y consolidados los restos arquitectónicos, serán cubiertos con geotextil y tierra para asegurar su conservación. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la Comisión de Agua y Alcantarillado del Estado de Hidalgo acordaron reservar el área para construcciones de bajo impacto que no supondrán un peso significativo sobre las estructuras toltecas.
Ver también: Más noticias de Arqueología
“Este hallazgo reitera que el polígono de la Zona Arqueológica de Tula es solo un porcentaje ínfimo de lo que fue la ciudad prehispánica, por lo tanto, sociedad y gobierno deben sumar esfuerzos para notificar al INAH y salvaguardar cualquier descubrimiento”, concluye el arqueólogo Arriaga Mejía.
Fuente: INAH
Escrito por Conny Waters – AncientPages.com Redactor del personal
💡 Puntos Clave
- Este artículo cubre aspectos importantes sobre Archaeology
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- Contenido actualizado y relevante para nuestra audiencia
📚 Información de la Fuente
| 📰 Publicación: | www.ancientpages.com |
| ✍️ Autor: | AncientPages.com |
| 📅 Fecha Original: | 2026-06-30 07:05:00 |
| 🔗 Enlace: | Ver artículo original |
Nota de transparencia: Este artículo ha sido traducido y adaptado del inglés al español para facilitar su comprensión. El contenido se mantiene fiel a la fuente original, disponible en el enlace proporcionado arriba.
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