Yakarta (ANTARA) – En la esquina de un callejón estrecho que alguna vez fue conocido como un barrio pobre, ahora hay una ordenada fila de sacos llenos de botellas de plástico, cartón y latas. El olor acre que alguna vez fue sinónimo de la zona se está desvaneciendo lentamente, reemplazado por la actividad de los residentes ocupados clasificando la basura.
Aquí es donde comienza el cambio de algo que muchas veces se considera inútil, ahora puede convertirse en una fuente de ingresos adicional.
La clasificación de residuos ya no es sólo una jerga medioambiental. Para algunas personas, esta es una estrategia de supervivencia, además de una oportunidad económica.
El concepto es simple, pero tiene un impacto grande y tangible. Separar los residuos orgánicos e inorgánicos a nivel doméstico y luego gestionarlos adecuadamente.
Los residuos inorgánicos, como el plástico, el papel y el metal, tienen ahora valor de venta. Los residentes lo recogen, lo limpian y luego lo depositan en un banco o recolector de residuos.
A partir de ahí, el dinero empezó a fluir. Aunque no siempre es grande, es suficiente para ayudar con las necesidades diarias. En un mes, una familia puede obtener ingresos adicionales significativos, especialmente si se hace de manera constante.
Al igual que en South Utan Kayu Village, este hábito no es algo nuevo. En los últimos años, la clasificación de residuos inorgánicos se ha convertido en una obligación para los funcionarios de Manejo de Infraestructuras e Instalaciones Públicas (PPSU).
Detrás de esta política, la práctica de clasificar los residuos ha crecido de forma orgánica en la sociedad.
La basura que se recoge cada día ya no se tira inmediatamente a la basura. La mayor parte fue llevada a un pequeño almacén detrás de la oficina del subdistrito.
Este sencillo edificio de aproximadamente dos por un metro puede parecer normal, incluso casi invisible. Sin embargo, en su interior se almacenan cientos de kilogramos de basura cuidadosamente clasificada, a la espera de ser convertida en dinero.
El almacén se convierte en un punto de encuentro entre viejos hábitos y nuevas formas de ver. Allí, los residuos ya no se consideran el final de un proceso, sino el comienzo de un nuevo ciclo económico.
El plástico, el cartón, el papel y el metal se clasifican según el tipo, porque cada uno tiene un valor de venta diferente cuando se vende a los coleccionistas.
El movimiento de residuos en ese lugar sigue un ritmo único. Cada día hay una incorporación, cada pocas semanas hay un vaciado, y cuando el espacio ya no da cabida, se llama al recolector.
Se instalaron básculas, se abrieron los sacos y se contó el valor de cada tipo de residuo. A partir de este sencillo proceso, se generan cientos de miles de rupias cada mes.
El hombre de la camisa naranja llamado Cecep explicó que un kilogramo de papel podría costar 2.400 IDR, cartón 1.800 IDR, botellas de minerales 2.400 IDR, hierro ligero 3.500 IDR, hierro relleno 4.500 IDR, aluminio usado de bebidas 25.000 IDR y aluminio pesado 27.000 IDR. Estos valores pueden no parecer grandes a escala de ciudad, pero tienen importancia a nivel individual y comunitario.
Estos ingresos adicionales son una prueba de que un trabajo que antes se consideraba trivial puede en realidad proporcionar beneficios económicos reales.
Detrás de esta rutina se forma también un nuevo patrón de trabajo. Cada funcionario tiene la responsabilidad de recolectar una determinada cantidad de desechos inorgánicos cada mes. Poco a poco, el hábito de clasificar los residuos ya no se siente como una carga, sino como parte de la vida cotidiana.
Ya no menosprecian esta actividad, sino que se ha convertido en algo que se realiza sin dudarlo. Se ha llegado a la conclusión de que cada botella de plástico o trozo de cartón recogido tiene valor, por pequeño que sea.
No se limita sólo a los residuos inorgánicos, la gestión de residuos también se extiende a los orgánicos. Los restos de comida y hojas comenzaron a procesarse para convertirlos en abono y gusanos. Aunque todavía no es la principal fuente de ingresos, este paso muestra esfuerzos por aprovechar al máximo todo tipo de residuos.
Por otro lado, las instalaciones limitadas siguen siendo un verdadero desafío. Los pequeños almacenes actualmente en uso sólo tienen capacidad para una cantidad limitada.
Esta condición muestra que el potencial para la gestión de residuos es en realidad mucho mayor si está respaldado por una infraestructura adecuada.
Movimiento colectivo
Un fenómeno similar no ocurre sólo en una región. En Malaka Jaya, distrito de Duren Sawit, el movimiento de gestión de residuos se ha convertido incluso en una actividad colectiva de los residentes.
En los últimos meses se han recogido miles de kilogramos de residuos no orgánicos en zonas residenciales. Los residuos recogidos no sólo reducen la carga sobre el medio ambiente, sino que también generan ingresos compartidos.
El sistema implementado permite a los residentes intercambiar desechos por dinero en efectivo, creando un vínculo directo entre la limpieza ambiental y los beneficios económicos.
Durante los cinco meses consecutivos, el total de residuos inorgánicos recogidos alcanzó los 2.100 kilogramos. De esta cantidad, los residentes recibieron ingresos de la venta de residuos por un total de 2 millones de IDR.
La participación de la comunidad es la clave para el éxito de este programa. La conciencia de separar los residuos ya no surge de un mero consejo, sino de la experiencia directa de experimentar los beneficios.
El medio ambiente se vuelve más limpio y, al mismo tiempo, proporciona ingresos adicionales. También se puede ver un desarrollo más sistemático en Cibubur Village.
El programa de bancos de residuos en el que participaron decenas de funcionarios del PPSU ha conseguido recoger un volumen mucho mayor de residuos, cercano a una tonelada cada mes. De esta cantidad, el valor económico generado alcanza los millones de rupias.
El enfoque utilizado en esta área enfatiza las contribuciones individuales. Cada persona obtiene resultados según la cantidad de residuos recogidos.
Este sistema fomenta la productividad y al mismo tiempo crea un sentido de responsabilidad personal en la gestión de residuos.
Además de las necesidades individuales, parte de los ingresos también se destina a actividades sociales. Esto amplía el impacto del programa, de una simple actividad económica a un movimiento social que fortalece la solidaridad comunitaria.
De algo que se puede tirar a algo que se puede gestionar. De una carga ambiental a un recurso valioso.
También se afirma que esta política para los 82 miembros del PPSU de Cibubur Village puede reducir la acumulación de desechos y, al mismo tiempo, generar ingresos de hasta millones de rupias.
El jefe de la aldea de Cibubur, Rony Abdullah, dijo que esta política no era sólo un objetivo administrativo. Quiere crear conciencia de que la gestión de residuos no puede depender sólo de sistemas, sino también de hábitos.
Se espera que PPSU, como vanguardia de la limpieza ambiental, sea un verdadero ejemplo para la comunidad.
En la práctica, estas obligaciones en realidad se han expandido más allá de las expectativas iniciales. Muchos miembros del PPSU no sólo recogen residuos de sus propios hogares, sino también del entorno.
Los residentes a quienes antes no les habría importado demasiado poco a poco se involucraron cuando vieron actividades rutinarias y organizadas de recolección de residuos.
Los resultados están empezando a verse. En un mes, el volumen de residuos recogidos se acerca a la tonelada. A partir de los residuos recogidos se generan ingresos que oscilan entre 3 y 4 millones de IDR al mes.
El sistema de participación en los beneficios se hace proporcional. No existe una distribución equitativa, sino basada en el aporte de cada miembro. Cuantos más residuos se depositen, mayores serán los ingresos que se perciban. Este esquema fomenta indirectamente el entusiasmo por el trabajo y la participación activa de cada miembro.
Para algunas personas, obligaciones adicionales como esta pueden parecer onerosas, pero no así para Adi Prima, miembro del PPSU de Cibubur Village.
Considera estas actividades como parte de su responsabilidad de proteger el medio ambiente, no solo como un trabajo extra.
En dos o tres días, Adi pudo recoger entre tres y cinco kilogramos de basura. Para él, esta actividad se ha convertido en una rutina que ya no le resulta pesada.
De hecho, admitió que se estaba acostumbrando a clasificar los residuos y era más sensible al potencial de los residuos que podían aprovecharse.
Esta iniciativa tampoco se limita al ámbito interno del PPSU. Cibubur Village colabora con varias escuelas, ampliando el alcance de la recogida de residuos y creando conciencia desde una edad temprana. Gracias a esta colaboración, el volumen adicional de residuos recogidos podría alcanzar entre 500 y 750 kilogramos.
esfuerzo serio
Las crecientes montañas de basura en el TPST de Bantargebang ya no son sólo un problema técnico de gestión de residuos, sino que son un reflejo de los patrones y hábitos de consumo de las comunidades urbanas.
Cada día, miles de toneladas de residuos procedentes de Yakarta acaban allí, lo que tiene consecuencias medioambientales. En medio de las presiones de capacidad, el gobierno de la ciudad del este de Yakarta está empezando a cambiar su enfoque, de simplemente deshacerse de él a gestionarlo desde la fuente.
Este paso serio parte de la simple concientización, haciendo que los residuos ya no aparezcan en los vertederos, sino en los hogares, desde la cocina, los envases de la compra, hasta las actividades diarias.
El Gobierno de la ciudad de Yakarta Oriental anima a los residentes a clasificar los residuos desde el principio, separando los orgánicos de los inorgánicos, antes de que salgan de casa.
Este estímulo no es sólo un llamamiento. El alcalde de Yakarta Oriental, Munjirin, está fortaleciendo estos esfuerzos con un sistema que está empezando a construirse por etapas.
Uno de los pilares es la colaboración con el Centro de Reciclaje de Plásticos de Ciracas (PDUP), que funciona como punto de procesamiento de residuos inorgánicos.
Luego, al establecer un grupo de trabajo sobre bancos de residuos en cada subdistrito, el gobierno está tratando de garantizar que el flujo de gestión transcurra sin problemas desde los residentes hasta la unidad del banco de residuos y el centro de reciclaje.
Este grupo de trabajo no solo tiene la tarea de coordinar las entregas de residuos, sino también monitorear e informar las actividades en línea, creando un sistema más mensurable y transparente.
Este esfuerzo involucra a muchas partes. Desde las filas del Servicio Medioambiental, pasando por los jefes de subdistritos, los jefes de aldea hasta el sector privado, todo está reunido en una mesa de coordinación.
Este enfoque colaborativo es importante, considerando que el problema de los residuos no puede ser resuelto por una sola parte. Hay una larga cadena que debe conectarse para determinar el éxito del sistema.
Se están empezando a ver cambios en cinco subdistritos, a saber, Cipayung, Ciracas, Kramat Jati, Pasar Rebo y Makasar. Estas áreas ahora están conectadas a un sistema de almacenamiento centralizado en el Banco Principal de Residuos de Ciracas.
Este plan es una especie de piloto sobre cómo se puede acercar la gestión de residuos a la fuente, sin depender exclusivamente de los sitios de disposición final.
Al final, los esfuerzos del este de Yakarta no sólo consisten en reducir el volumen de residuos, sino también en crear nuevos hábitos.
Según los datos sobre el suministro de residuos no orgánicos en el último mes, el distrito de Matraman ocupa la primera posición con una cantidad que alcanza los 3.349 kilogramos.
La siguiente posición es el distrito de Jatinegara con 2.784 kilogramos de residuos, seguido de Cipayung con 2.096 kilogramos y Cakung con 1.315 kilogramos.
Luego, para el distrito de Ciracas la cantidad fue de 771 kilogramos, Kramat Jati 562 kilogramos, Pulo Gadung 489 kilogramos, Duren Sawit 385 kilogramos, Pasar Rebo 346 kilogramos y Makasar 201 kilogramos.
No sólo en el sector doméstico, el programa de clasificación de residuos también se ha extendido a los lugares de culto. Se registró que 83 mezquitas, 21 salas de oración, un internado islámico y 43 bancos de residuos participaron en los esfuerzos para reducir el volumen de residuos.
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