Trabajadores en el vórtice de la cadena de suministro global

Yakarta (ANTARA) – Cada vez que conmemoramos el Día del Trabajo, el 1 de mayo, volvemos al ritual que es casi siempre el mismo. Las acciones laborales casi siempre giran en torno a demandas de aumentos salariales, protección del empleo y bienestar de los trabajadores.

Hay una cuestión que rara vez se discute seriamente en nuestro debate público. ¿Hasta qué punto está realmente determinado el destino de los trabajadores indonesios dentro del país? ¿O podría ser que la realidad que enfrentan los trabajadores hoy en día esté más determinada por dinámicas económicas globales que están fuera del alcance del Estado?

Esta pregunta es importante. Porque, sin entenderlo, corremos el riesgo de ofrecer continuamente soluciones parciales a los diversos problemas que enfrentan los trabajadores.

En el panorama económico contemporáneo, los trabajadores indonesios ciertamente no están solos. Están conectados en lo que se llama redes globales de producciónes decir, la cadena de suministro global que conecta materias primas, mano de obra, capital y mercados en un sistema que cruza fronteras nacionales.

Un par de zapatos producidos en Tangerang, por ejemplo, podrían haber sido diseñados en Europa, utilizando materiales del este de Asia, y vendidos en Estados Unidos. En un sistema como este, la posición de los trabajadores indonesios suele estar en el punto más bajo: simplemente como mano de obra barata.

Los salarios laborales en Indonesia no están determinados únicamente por la política gubernamental o las negociaciones entre sindicatos y empleadores, sino también por la posición de Indonesia en la cadena de producción global.

De hecho, los países que están «aguas arriba» de la cadena de valor, como aquellos que controlan el diseño, la tecnología y las marcas, tienen una ventaja económica mucho mayor que los países que sólo proporcionan mano de obra.

Esta lógica está en línea con el enfoque de la teoría de sistemas mundiales (teoría de los sistemas mundiales) desarrollado por Immanuel Wallerstein. Esta visión ve el mundo dividido en centro, semiperiferia y periferia.

En este marco, hay que reconocer que Indonesia todavía tiende a estar en una posición periférica o semiperiférica. Convertirse en un proveedor de mano de obra y materias primas, no en un controlador de valor agregado. Como resultado, la presión para mantener los salarios bajos proviene no sólo del interior del país, sino también de la competencia global con otros países como Vietnam, Bangladesh o la India.

Esta condición explica por qué cada vez que aumenta el salario mínimo, surgen preocupaciones no sólo por las objeciones de los empresarios nacionales, sino también por la amenaza de deslocalización industrial a otros países.

En el sistema económico capitalista global, el capital se vuelve muy importante móviltrasladarse fácilmente a ubicaciones que ofrezcan menores costos de producción. Mientras tanto, los trabajadores siguen atados a espacios geográficos específicos. Esta desigualdad en la movilidad debilita estructuralmente la posición negociadora de los trabajadores.

Sin embargo, este problema no se limita sólo a los salarios. En muchos casos, las presiones globales también afectan la calidad del trabajo. Para cumplir con los estándares de precios establecidos por las empresas multinacionales o los mercados globales, las empresas locales a menudo reducen los costos de producción, lo que en última instancia tiene un impacto en las condiciones laborales de los trabajadores. Las largas jornadas laborales, los contratos laborales inciertos y la falta de protección social son consecuencias que a menudo son inevitables.

Irónicamente, en la narrativa del desarrollo nacional, el éxito en atraer inversión extranjera y expandir la industria manufacturera a menudo se considera un indicador de progreso y crecimiento económicos. De hecho, sin la estrategia adecuada, esto puede crear lo que se llama una trampa económica de bajos salarios (trampa de bajos salarios). El país sigue confiando en la ventaja de los bajos costos, sin siquiera ascender en la cadena de valor global.

Por lo tanto, las reflexiones del Día del Trabajo o May Daydebería ir más allá de las exigencias normativas que se han repetido cada año. Porque las cuestiones laborales no tienen que ver sólo con las relaciones laborales internas, sino también con la posición del país en la economía global.


Compromiso de Estado

La pregunta entonces es ¿qué se puede hacer? En primer lugar, el país necesita fomentar una transformación estructural de la economía, desde simplemente proporcionar mano de obra barata hasta convertirse en un actor en sectores de alto valor agregado. En consecuencia, el país necesita realizar importantes inversiones en educación, investigación e innovación para mejorar la calidad de los recursos humanos.

Sin él, seguiremos estando en la misma posición en la cadena de producción global, con la consecuencia de salarios estancados.

En segundo lugar, la política industrial debe ser más estratégica y selectiva. No todas las inversiones deben aceptarse incondicionalmente. El país debe garantizar que las inversiones que ingresan proporcionen transferencia de tecnología, mayor capacidad laboral y oportunidades para que la industria local avance en clase.

Sin este mecanismo, tal vez Indonesia se convierta sólo en una «fábrica mundial», sin convertirse nunca en propietario de valor.

En tercer lugar, la protección de los trabajadores debe verse como parte de una estrategia de desarrollo, no como un obstáculo para la inversión.

Los países que han logrado salir de la trampa de los bajos salarios, como Corea del Sur o Taiwán, en realidad han demostrado que el aumento del bienestar de los trabajadores puede ir de la mano del crecimiento económico, siempre y cuando esté respaldado por políticas industriales sólidas.

En cuarto lugar, la solidaridad laboral también debe ampliarse al nivel transnacional. En un sistema global, las luchas de los trabajadores ya no pueden ser únicamente locales. La colaboración entre sindicatos de todos los países es importante para tratar con empresas multinacionales que operan a nivel mundial.

De esta manera, el Día del Trabajo puede ser un impulso para recoger el compromiso del país, así como cambiar la forma en que vemos las cuestiones laborales. Porque hasta ahora hemos tendido a centrarnos en lo que sucede dentro del país, sin mirar las estructuras globales que lo configuran.

Como resultado, las soluciones ofrecidas muchas veces no tocan la raíz del problema.

Hoy en día, los trabajadores indonesios no sólo son parte de la economía nacional, sino también actores de un sistema global complejo que, de hecho, no siempre es justo.

Por esta razón, el gobierno necesita comenzar a diseñar estrategias para cambiar esta posición. No permitamos que nuestros trabajadores queden atrapados como actores periféricos en la cadena de producción global. Este compromiso de mejorar la suerte de los trabajadores no sólo determinará el futuro de los trabajadores, sino también la dirección del desarrollo de Indonesia en su conjunto.

*) Najamuddin Khairur Rijalprofesor de Relaciones Internacionales, FISIP, Universidad de Muhammadiyah Malang

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