Palembang (ANTARA) – Mientras miles de personas están ocupadas buscando billetes de avión a precios cada vez mayores o haciendo largas colas en el puerto, Verisa Novri ha elegido un camino diferente. El hombre de 50 años tomó el «camino silencioso» con un objetivo sencillo: volver a casa y recoger a sus padres en Palembang.
En un sillín de bicicleta, con un equipo sencillo atado al maletero trasero, este fotoperiodista de Xinhua, un medio de comunicación de China, inició el largo viaje desde Tangerang del Sur hasta Palembang. Sin lujos, sin la comodidad de un sillón blando, solo determinación, poder y fe en cada golpe.
La distancia de unos 400 kilómetros que recorrió no fue sólo un viaje físico, sino un viaje interior lleno de significado. Para Verisa, volver a casa no se trata sólo de llegar a tu ciudad natal, sino de cómo el proceso de llegar hasta allí se realiza con plena conciencia.
«Quiero sentir cada kilómetro del viaje, saludar el tiempo y dejarme perder en el ritmo lento pero seguro del pedaleo», dijo Verisa cuando se encontró bajo las luces parpadeantes del puente Ampera, Palembang, el día antes del Eid.
El viaje comenzó el martes 17 de marzo de 2026 por la mañana. Desde el ajetreo y el bullicio del sur de Tangerang, Verisa pedaleó hacia el puerto de Merak. Luego cruzó el estrecho de la Sonda antes de poner finalmente un pie en la isla de Sumatra. Desde entonces, la Ruta Cruz del Este (Jalintim) ha sido la ruta principal que utilizó.
Para algunas personas, Jalintim es sólo un camino largo y agotador. Pero para Verisa, este recorrido es un espacio de contemplación. Fue allí donde dialogó consigo mismo, poniendo a prueba sus límites físicos, y al mismo tiempo encontró una calma difícil de encontrar en medio del bullicio de la ciudad.
Este viaje ciertamente no es fácil. Tuvo que enfrentarse al calor abrasador del sol que le quemaba la piel, a los fuertes vientos y al polvo espeso de los grandes camiones que pasaban sin parar. Los caminos largos y monótonos a menudo ponen a prueba la concentración y la resistencia mental.
En varios puntos también tuvo que superar largas subidas que atraviesan tramos de plantaciones de palma aceitera. Cada golpe se sentía más pesado, los músculos de mis piernas se tensaban y mi respiración se hacía más dificultosa. Pero ahí precisamente descubrió la esencia de viajar, que cada sensación de cansancio tiene un significado.
«El ciclismo proporciona satisfacción y flexibilidad horaria. El desafío es el calor, pero ahí es donde se pone a prueba la paciencia y la constancia», afirmó.
Volver a casa en bicicleta no es la primera experiencia de Verisa. Tomó el camino opuesto, de Palembang a South Tangerang en 2018, y repitió la misma experiencia en los años siguientes. Para él, la bicicleta no es sólo un medio de transporte, sino un medio para comprender el camino de la vida.
Además de evitar los atascos que suelen producirse antes del Eid, este viaje también se considera económico. Durante los cuatro días del viaje, Verisa sólo gastó alrededor de 350.000 IDR. Estos costos se utilizan para necesidades básicas como agua potable y alquilar una sencilla casa de huéspedes para descansar.
Sin embargo, el ahorro no es la principal motivación. Lo que busca es libertad. Con la bicicleta, no está sujeto a horarios ni presionado por el tiempo. Puede detenerse en cualquier momento cuando esté cansado, cuando tenga hambre o cuando encuentre una vista interesante que capturar.
Como fotoperiodista, sus instintos siempre están activos. A menudo se detiene para fotografiar paisajes rurales, largos caminos que atraviesan extensiones verdes y las actividades de los residentes que encuentra en el camino. Cada retrato pasa a formar parte de la historia que recopila.
Para mantener la seguridad, Verisa tiene el principio de andar en bicicleta solo cuando todavía hay luz. Cuando empiece a anochecer, buscará un lugar para detenerse, como una mezquita, una comisaría de policía o área de descanso. Allí descansó, se limpió y cargó su celular antes de continuar su viaje al día siguiente.
Humanidad en las calles
Aunque calificó su viaje como un «camino solitario», Verisa admitió que encontró mucha calidez en el camino. Los residentes que conoció a menudo lo saludaban amigablemente, sonreían e incluso le ofrecían ayuda.
Una de las experiencias más duraderas ocurrió en la zona de Lubuk Seberuk. Cuando el cansancio empezó a aparecer, un camionero se le acercó y le ofreció llevarlo. Sin dudarlo, Verisa aceptó. Continuó su viaje durante unos 50 kilómetros haciendo autostop hasta Kayu Agung, dándole a su cuerpo la oportunidad de descansar.
«Realmente me gusta ir a casa en bicicleta. Si quiero ir en bicicleta, iré. Pero si quiero usar el transporte público, también es posible», dijo con una ligera sonrisa.
Finalmente, el viernes por la noche, alrededor de las 19.00 horas, Verisa llegó a Palembang. Su figura apareció bajo el majestuoso Puente Ampera, marcando el final del largo viaje que había emprendido durante cuatro días.
El cansancio parece desaparecer por un momento. Detrás del largo viaje, hay una simple felicidad que aguarda; reunirse con sus padres en casa.
Pero antes de llegar a los brazos de su familia, hay una cosa que siempre hace: disfrutar de un plato de fideos celor. Para Verisa, las delicias culinarias típicas de Palembang no son sólo algo para satisfacer el hambre, sino que son parte de los recuerdos que la unen a su ciudad natal.
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La historia de Verisa Novri es un retrato diferente de la tradición del regreso a casa en Indonesia. Demuestra que regresar a casa no siempre se trata de rapidez o eficiencia, sino del proceso, el significado y las experiencias que lo acompañan.
En medio de un mundo acelerado, Verisa decide reducir el ritmo. Con cada pedalada de su bicicleta, demuestra que incluso un viaje simple puede ser extraordinario, siempre que se emprenda con corazón y plena conciencia.
Periodista: Ahmad Rafli BaiduriEditor: Heri Sutarman
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